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Twin Peaks Recap – Episodio 15: Cuán hermoso es esto

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Twin Peaks Recap es una columna semanal de Keith Uhlich para  The Notebook  que cubre la nueva temporada de la serie de David Lynch y Mark Frost, Twin Peaks. Agradecemos a Keith Uhlich, Daniel Kasman and Kurt Walker de Mubi por permitirnos traducir este material para seguir esta tradición semanal en castellano desde Las Pistas. Aquí el link original del artículo en inglés.

Por Keith Uhlich

Lo mejor llega para esos que esperan, y Big Ed Hurley ha estado desde hace mucho tiempo soñando con el momento que abre la Parte 15 del revivido Twin Peaks de Mark Frost y David Lynch. “Fui una maldita egoísta contigo todos estos años”, le dice su mujer con un solo ojo, Nadine, quien ha hecho un largo camino—llevando sobre su hombro una de las palas para “sacar tu propia mierda” del Dr. Jacoby/Dr. Amp—hasta la gasolinera que solo acepta efectivo de la que Ed se ha hecho cargo durante toda su vida. Ella dice lo obvio: Ed ama a la dueña del restaurante RR, Norma Jennings, y ella, Nadine, siempre se puso en el medio de ellos. Esos días se han acabado. Ed no quiere creer que todo esto se trata de algo más que uno de los arranques maníacos de su esposa. Pero ella persiste, insistiendo que, durante todo su larga caminata, tuvo mucho tiempo para cambiar de idea y sin embargo no lo hizo “porque así es como verdaderamente me siento”. El viaje tan solo ha solidificado su verdad interna. “¡Cuán hermoso es esto!” dice.

Tan hermoso es todo que, para no quedarse atrás, Ed se apura para llegar al RR y confesarle su amor a Norma…quien lo rechaza para encontrarse con su actual amor, el hombre de negocios obsesionado por las franquicias, Walter Lawford. La canción que suena durante esta escena—la inmensa, conmovedora “I’ve Been Loving You Too Long” de Otis Redding—se interrumpe de manera reverberante, como si fuera el propio corazón de Ed el que se ha saltado un latido terrible. ¿Quizás se trate de tan solo un poco de espera antes del cruel final? Ed cierra sus ojos como si estuviera rezando y pronto se hace claro que Norma está, en realidad, rechazando a Walter, a quien le devuelve todas sus franquicias, quedándose solo con la original para ella (“Soy feliz con una sola”) y, en lo personal, sacándolo del cuadro.

“Estás cometiendo un grave error”, dice Walter, “y creo que te vas a arrepentir”—las palabras de un verdadero no-romántico que piensa que el amor se trata siempre de hacer grandes gestos. Habitualmente alcanza con tan solo uno pequeño. Norma pone su mano lentamente sobre el hombro de Ed. El resto se hace solo: “Cásate conmigo”, le dice Ed. “Por supuesto que sí”, le dice Norma. Shelly Johnson, ninguna extraña a lo que a travesías del amor se trata, sonríe mirando desde el otro lado del mostrador. La canción de Redding, que ha regresado en total forma durante todo el resto de la escena, va en crescendo. Y a través de unos pocos planos hermosamente compuestos, Lynch nos lleva de lo micro a lo macro, ascendiendo hacia el cielo en lo alto, donde las nubes parecen bailar al ritmo de los enamorados de abajo.

Esta es una de las escenas más optimistas de toda la obra Lynch y es notable debido a la falta de esas ironías frías, subversivas, que acompañaban, por ejemplo, al regreso a la normalidad del picaflor rojo en Blue Velvet. No se trata, sin embargo, del caso de un artista que se fue ablandando con la edad. Y no es la edad aquello que empuja la secuencia hacia lo emocional sino más bien el tiempo—esa sensación de notar que Lynch y Frost no corrieron hasta este momento sino que caminaron hasta llegar aquí. Así es como ellos se sienten—profunda, instintiva y sinceramente aprovechando el flujo de estas vidas ficcionales, marcando los momentos transformativos en vez de forzarlos. No existe una fórmula para esto: tan solo podes confiar que todos los elementos creativos están en la posición correcta en el momento correcto. Más y más, el nuevo Twin Peaks parece ser una meditación, además de estar guiado por ella, acerca de la serendipia.

Es algo más que suerte de tonto lo que lleva a Mr C., el doppelganger oscuro del agente especial del FBI Dale Cooper, hacia el “Convenience Store” donde los espíritus cubiertos de cenizas conocidos como los Woodsmen residen. Es también ese mismo el lugar donde otros habitantes del Black Lodge ocasionalmente se encuentran, en ese espacio inexistente ubicado arriba de la construcción. Mr C. se encuentra allí buscando a Phillip Jeffries, el ex agente del FBI que muy probablemente haya mandado a matarlo, que no ha sido visto desde que se materializó en las oficinas gubernamentales de Filadelfia allá por 1989 (ver Twin Peaks: Fire Walk with Me)

Mr. C. es conducido, lentamente, por muchos cuartos. Un bosque aparece y desaparece sobre las imágenes en determinado momento, enfatizando esa nebulosa entre dos mundos en la que se encuentra el local. Algunas figuras familiares aparecen: el Jumping Man vestido de rojo, quien presidía un encuentro del Lodge visto en Fire Walk with Me, así como también un personaje andrógino acreditado como Bosomy Woman, quien tiene un parecido muy fuerte, en una forma a medio hacer, a la anciana Mrs. Tremont/Chalfont, vista tanto en la serie como en la película. (¿Podría esto ser un espíritu en un extraño estado de evolución como el Man From Another Place del Red Room, quien se mutó de enano bailarín a un árbol eléctrico?

“Te abriré la puerta”, el/ella le dice a Mr. C., dejándolo entrar en una habitación (la número 8) hacia el final de lo que parece ser el patio de un sórdido hotel. Adentro, Mr. C. se reúne con otra figura evolucionada: Jeffries se ha transformado en una especie de sentida máquina de hojalata (Tin machine, muy inteligente Mark y Dave, muy inteligente) que tira humo y habla con una tonalidad algo sureña (el actor que hace la voz, Nathan Frizzel, de vuelta imitó las exageradas cadencias de Bowie). El punto central de la discusión—aparte del aparente contrato de Jeffries sobre la vida de Mr. C. y una serie de números que parecen ser de latitud y longitud de Twin Peaks—es alguien a quien la versión humana de Jeffries se refirió en 1989. “¿Quién es Judy?” pregunta Mr. C., ya un poco agitado. “Ya te has encontrado con Judy”, responde Jeffries. (Propongo una teoría de Reddit, ya que Lynch tiene algo de El Mago de Oz dando vueltas por toda su obra: Judy=Judy Garland=Mayor Garland Briggs.) Las diversas preguntas que Mr. C. le hace a Jeffries quedan sin responder y pronto es transportado, vía telefónica, hacia afuera del Convinience Store. Ahí, es confrontado por Richard Horne, quien, pistola en la mano, confirma la identidad de su madre—la Audrey Horne de Sherilyn Fenn—antes de ser derribado por un trompada de Mr. C. Sin embargo, no es su tiempo de morir. “Subite a la camioneta”, dice Mr. C. “Hablaremos en el camino”.

Desde aquí, la parte 15 se pone, en su mayoría, hipnóticamente sombría, comenzando con un momento de bravura enloquecida entre el no tan querido Steven Burnett y su enamorada Gersten Hayward. Ambos están muy drogados y él también está muy suicida. Mientras carga su arma, Steven murmura acerca de cómo él “va a terminarlo” y como Gerten “va a ir conmigo”.  Luego comienza a gimotear incoherentemente acerca de la posibilidad de una vida en el más allá: “¿Estaré con los rinocerontes? ¿La luz en la botella?…¿O estaré completamente turquesa?” Esto está muy lejos de la celestial visión de Big Ed y Norma, aunque Lynch y Frost (este último haciendo un cameo en esta escena como su alter ego ocasionalmente dentro de la pantalla, Cyril Pons) no la ofrecen como una anulación dura para la escena anterior. Están más bien comparando y contrastando dos tipos de dilemas existenciales, una grande y profunda (Ed y Norma), y otra tenue y superficial (Steven y Gersten). Una se resuelve con felicidad, la otra con una bala.

Una bala también termina con la vida del hombre importante de Las Vegas, Duncan Todd, quien, junto con su asistente Roger, es asesinado por la psicótica Chantal Hutchens. Mientras ella y su coequiper Gary “Hutch” Hutchens se atragantan con un poco de comida rápida post-asesinato, reflexionan sobre un lugar en un país que aprueba muchos de sus propios asesinatos, como el genocidio de Nativos Americanos, al mismo tiempo que se quejan de que no tuvieron muchas chances, últimamente, de hacer sufrir a sus víctimas. “Me dejo de divertir cuando matamos a alguien” dice Chantal. “No es divertido torturar a un cadáver”. Esto es una charla de sociópatas, pero hay algo de belleza inyectada en esta escena cuando el dúo mira por sobre el parabrisas y Lynch corta a una imagen del cielo nocturno, donde una sola estrella brilla en la distancia. “Marte”, dice Chantal, aunque el tono de Leigh está tan perfectamente balanceado entre lo infantil y lo cínico que rápidamente los escalofríos regresan.

Asi es como algunas personas pasan el tiempo. Otros, como Margaret “The Log Lady” Lanterman (la fallecida Catherine E. Coulson), se esfuerzan para llegar a un acuerdo con el pasado, el presente y el inevitable futuro. El nuevo Peaks ha estado algo ensombrecido por la ausencia de muchos actores o bien por el conocimiento—como en el caso de Miguel Ferrer, quien interpreta al especialista en forenses del FBI, Albert Rosenfield—que habían muerto poco después de terminar el rodaje. Coulson tal vez sea el ejemplo más extremo de esto, ya que sus escenas fueron filmadas mientras estaba en los estados finales de un cáncer. Sin duda Lynch y Frost se acercaron a la explotación al filmarla en ese estado pero, sin embargo, sus apariciones intermitentes en esta temporada no han hecho otra cosa que acumular su poder porque la mente sabia de la actriz y del personaje que interpreta está, todavía, notoriamente intacta.

“Vos sabes sobre la muerte”, le dice al sheriff Tommy “Hawk” Hill durante su llamada telefónica final. “Es tan solo un cambio, no un fin”. Hacia el final, Margaret (a quien, en un giro metatextual conmovedor, está dedicado este episodio) mantiene su dignidad epigramática. Su muerte está signada no por un sentido literal sino por uno figurativo, la luz de su cabaña, vista desde una distancia a través de una ventana, apagándose totalmente justo después de que Hawk informara, sombríamente, a sus compañeros sobre su muerte. Lynch siempre ha estado fascinado por la rareza que yace en la enfermedad y su trabajo es mejor cuando su mirada firme (en los enfermos, en los malformados, en todos aquellos que la sociedad considera aberrantes) viene acompañada de una distante pero discernible empatía. El efecto es verdaderamente surreal: somos forzados a mirar a personas más allá de los puntos de cortesía y comodidad, y en el proceso dejamos fuera todo exterior grotesco, acercándonos hacia las almas, atemorizadas y dolidas, que yacen debajo. Todos caminamos (o corremos o manejamos) hacía el mismo destino, aunque, como bien dijo un viejo colaborador de Lynch, John Hurt (el Hombre Elefante), en un contexto totalmente distinto, citando a Ralph Waldo Emerson, “Cuánto de la vida humana se pierde en esperar”.

“Estoy esperando a alguien”, le dice Ruby (Charlyne Yi) a dos motociclistas en la escena final del episodio que ocurre, por supuesto, en el Roadhouse. Los comediantes tienen su propio tipo de rareza e inicialmente parece que Lynch y Frost nos están preparando para algo humorístico, teniendo en cuenta la carrera de Yi en el stand-up, películas y TV, y sobre todo al ver que los motoqueros levantan a Ruby de su mesa y la dejan, cómicamente perdida, en el piso. (¿Quizás Wally Brando, interpretado por el ex colaborador de Yi, Michael Cera, vendrá a salvarla?) No…esto no es así. Arriba del escenario, la banda de indie rock The Veils tocan una canción discordante, “Axolotl”, de su disco del 2016 Total Depravity. Al mismo tiempo que la canción se intensifica, Ruby gatea por el piso del Roadhouse, quedando más y más patética al moverse entre las piernas de los clientes. Tal vez esté esperando por alguien, pero nadie está viniendo.

Queda, como siempre, tan solo una certeza. No todos tiene una Nadine que los libere, una Norma o un Big Ed que los ame, pero benditos sean esos que sí. El resto—como Ruby bien lo ilustra en el corte a negro de este episodio—tan solo gritamos.

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MÁS PORCIONES DE TORTA

-¿Bienvenido de vuelta, Agente Cooper? En el medio de la marea de incidentes de este episodio, se encuentra una pequeña escena en la casa de Dougie y Janey-E Jones. Janey E le sirve un poco de torta a su semi catatónico esposo, torta que él comienza a comer muy lentamente. Entonces, aprieta los botones de un control remoto que prenden una TV que emite Sunset Blvd. (1950) de Billy Wilder, una favorita de Lynch. Se trata de esa escena en la que la envejecida estrella del cine mudo Norma Desmond (Gloria Swanson) está saliendo de su reunión con Cecil B. DeMille (que hace de sí mismo). “El viejo equipo otra vez reunido”, dice Norma, engañandose. “Nada puede detenernos” (Un perfecto prisma metatextual sobre el cual ver este Peaks revivido.) “Busca a Gordon Cole”, dice DeMille, refiriéndose al jefe de utilería interpretado por Bert Moorhouse en la película de Wilder y también, extra-narrativamente, al propio jefe de Cooper, interpretado por el mismísimo Lynch. Esa es la pista que la memoria de Dougie necesita y pronto lo vemos gateando en el piso, acercándose hacia un enchufe en la pared en la que mete un tenedor. Janey-E grita al mismo tiempo que las luces parpadean y Cooper/Dougie colapsa. Al parecer, esto viene a hacer cumplir esa profecía de la Parte 3 de la nueva serie: recuerden que la salida de tamaño natural por la que Cooper viaja tiene, en puntos diferentes, los números 3 y 15 por encima de ella, dos números que se corresponden a los episodios en los que Cooper se transforma en Dougie y luego, aquí, se transforma de vuelta en Cooper.

-Una escena anterior en el Roadhouse, musicalizada con “Sharp Dressed Man” de ZZ Top, nos muestra a James Hurley casi muerto gracias a las trompadas que Chuck (Rodney Rowland, a quien los fans de X-Files recordarán como el “one-night-stand” de Dana Scully en el episodio de la temporada 4, el del asesino-tatuado-con-la-voz-de-Jodie-Foster, “Never Again”), el esposo de su enamorada Renne. Afortunadamente para James, su amigo de guante verde Freddie Sykes se mete y noquea a Chuck y a su amigo Skipper. Desafortunadamente, ambos parece haber quedado inconscientes y, tal como luego Hawk le informa a James, los dos se encuentran en terapia intensiva. Tal vez no casualmente, la celda en la que ponen a Freddie es la #8, el mismo número que tiene el cuarto arriba del Convenience Store en el que se encuentra Phillip Jeffries. James es puesto en la #7. En la celda del frente se encuentra sentado el enceguecido espíritu femenino Naido. Y cerca de ellos también está el borracho ensangrentado que repite todo lo que los demás dicen (y del cual mantengo que puede ser el misterioso “Billy” al que se refiere Audrey Horne). Completando esta tripulación heterogénea se encuentra el oficial doble-cara Chad Broxford. Presumiblemente, todos tendrán un rol en ese final que espera.

-Justo antes de que se vaya del Convenience Store, Mr. C. manda un mensaje que dice “Las Vegas?” a un número desconocido, que ya sabemos que pertenece a Diane Evans, ya que fue ella quien recibió este mensaje en la Parte 12.

-El agente Randall Headley del FBI regresa brevemente para entrevistar a uno de los más de 20 Dougie y Janey-E que existen en Las Vegas. Es claro que esta no es la pareja que él está buscando luego de que su asistente, Wilson, le dice que trajeron a sus “niños”, en plural. “¡Niños, uh!”, grita Headley dos veces antes de abrir la puerta del cuarto de interrogatorio y se le aparezca una imagen perfecta de una familia Americana de pesadilla.

-Audrey Horne llega hasta el umbral de su casa esta semana, pero decide no salir ya que está convencida que su marido, Charlie (Clark Middleton), está haciendo su usual manipulación psicológica revertida. Termina ahorcándolo y puteándolo antes de que la escena concluya abruptamente. Cualquiera que sea el escenario pesadillesco en el que ella se encuentra (ya sea en coma, un lugar de sueño existencial, un manicomio o, que Dios no lo permita, la vida real) pronto será revelado. También quisiera notar que en algunos recaps anteriores confundí a Middleton con un enano cuando en realidad mide 5’4″ y su apariencia física es el resultado de una artritis reumatoide que le comenzó a la edad de 4 años. Se trata de un dato puramente superficial y, más allá de los recursos que Middleton toma de su condición, poco y nada tiene que ver con la compleja e inquietante forma en la que interpreta a Charlie. Es como si él y Fenn estuvieran en su propio extraño rincón del universo de Peaks haciendo una anti-comedia romántica inspirada en Sartre. No puedo esperar para ver qué sigue.

-Los créditos finales se ponen sobre dos planos del patio del motel que Mr. C. recorre para llegar al cuarto de Phillip Jeffries. Si miran de cerca, justo cuando el título final se va para arriba, van a notar a la Bosomy Woman parada ahí en las sombras. ¡Eeeeeeeek!

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