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BAFICI 2017 (05) – ORG, una cosmogonía del cine político

Por Celluloid Liberation Front

Nada en el mundo es irreversible, ni siquiera el capitalismo.”

—Fidel Castro

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Tardó diez años en realizarla, pasó casi cuarenta en la más oscura clandestinidad, pero ORG de Fernando Birri resurgió por primera vez desde su estreno en el festival de Venecia en su forma más legítima y restaurada en esta edición de la Berlinale, donde se proyectó en en la sección Forum. Un diluvio de colores alucinados, sonidos y sincopadas ensoñaciones, ORG es una película onomatopeica donde las tensiones estéticas y políticas de la década colapsan en un crisol irresuelto de psicodélica militancia. El cine de Dziga Vertov y Guy Debord se proyecta a través de los lienzos de Roy Lichtenstein, el realismo social es suplantado por un modernismo tercermundista. De las tantas víctimas semióticas desparramadas durante el camino de la película es la convulsa trama la que se mantiene ilegible en todo momento y que sin embargo alude a una estructura arquetípica que está socavada en su misma base. El festival amablemente describió lo que en ella transpira:

Algunos años despues de la explosión de una nube de hongos, un hombre negro llamado Grrr (Isaal Twen Obu) ayuda a su amigo blanco Zohommm (Terence Hill) para seducir a su amada Shuick (Lidija Juracik); un triángulo amoroso se desata. Cuando Zohommm comienza a sentirse celoso, le consulta a una pitonisa electrónica sobre su amigo y amante. Ella le confirma sus sospechas y, desesperado, se corta la cabeza. Grrrr, al encontrarlo muerto, decide suicidarse. Cuando Shuick descubre todo esto, trata de tirarse desde un acantilado pero es ayudada por la pitonisa electrónica quien resucita a sus amigos. Asi, Shuick se reune con los dos hombres pero sus cabezas fueron intercambiadas y surge el conflicto entre los dos cuerpos…”

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Libremente adaptada del libro de Thomas Mann “Las cabezas trocadas”, la película fue producida por su co-protagonista, Terence Hill (famoso por interpretar a Trinity en la serie de spaghetti westerns del mismo nombre) de quien se dice que abandonó todo crédito por la película aconsejado por su agente y se aseguró de que no fuera correctamente distribuida una vez finalizada. Para un actor hoy en día famoso por interpretar a un cura en una de las novelas más populares y largas de Italia, es de hecho extraño verlo rodando desnudo por la arena, citando a Lenin y uniéndose en amor libre e interracial. De todas las extrañas criaturas que el cine parió, ORG se erige como un híbrido único, incluso si solo fuera por la imposibilidad de determinar su proveniencia y descifrar sus influencias estilísticas. Es una película que desarrolla acción, pensamiento y deseo mediante proliferación, yuxtaposición y disyunción. No hay ningún tipo de jerarquía en su estructura inherente a su forma: lo fluido prevalece sobre la unidad, arreglos nomádicos sobre patrones sistemáticos.

Por casi tres horas, 26.000 cortes y poco más de 700 tracks de sonido, ORG evoca un cataclismo visual donde el significado, ya sea narrativo o político, nunca se condice con un significante. Fernando Birri se atreve a lo imposible y termina con lo improbable, canalizando en una sola película la (im)potencia cósmica del cine de los 60’s y 70’s y toda su ingenua pero desesperadamente necesitada de ambición. Georges Méliès y Herbert Marcuse, Wilhelm Reich y Jonas Mekas son tan solo algunos de los extras diegéticos que la película se traga en sus múltiples pliegues de extremismo expresionista. Las venas abiertas de américa latina se inundan de los fluidos liberadores de LSD mientras el director adquiere una nueva consciencia que desde el realismo social de sus primeras películas apunta hacia lo que Birri mismo llamó “coSmunismo, un comunismo cósmico para el cine cósmico, delirante y proletario”.

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Es significativo que un director como Birri, por siempre asociado con el “nuevo cine latinoamericano”, un hombre que fundó escuelas de cine combativas en Argentina y Cuba, haya concebido esta película exiliado en Italia (donde ya había pasado un tiempo estudiando después de la guerra antes de estrenar Tire Dié en 1960). ORG es, de hecho, una película summa, un cut-up sampleado de todas las corrientes y visiones políticas actuales que el cine había expresado hasta ese momento, tanto en occidente como en el así llamado tercer mundo. Al mismo tiempo, pone en escena el derecho inalienable de superar los dogmas estéticos y retóricos que ya estaban volviendo anquilosado al cine político y a la lucha que éste reflejaba y amplificaba. Su producción, sus múltiples e intercambiables miembros del equipo y su condenada distribución son símbolos emblemáticos de una batalla cultural que o bien ha sido perdida o todavía no ha sido peleada apropiadamente. Antes que un simple espejo de su tiempo, ORG es un prisma de posibilidades inexploradas, de señales anti narrativas que deben ser seguidas hasta que el sentido se diluya. Se trata de un festín de y para todos los sentidos que sabotea la tiránica amargura de nuestra vida diaria.

Este texto fue publicado orginalmente en The Notebook. Aquí pueden leerlo en su idioma original. Agradecemos al autor por haber permitido su publicación y a Daniel Kasman por hacerlo posible. El texto fue traducido por Lucas Granero, quien contó con una gran ayuda de Fidel González Armatta. A todos ellos, gracias.

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