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BAFICI 2017 (03) – Adiós entusiasmo / Una ciudad de provincia

Por Lautaro Garcia Candela

Primera película incompleta del BAFICI: Paris est une fête – Un film en 18 vagues, de Sylvain George. Había leído mucho sobre una película anterior de este director francés, Figuras de la guerra, inconseguible en los torrent amigos. Empieza con unos planos en blanco y negro, muy cerrados, de algunos detalles de París. Luego empiezan a ganar protagonismo las camas de algunos homeless en las plazas o en el zaguán de alguna casa particularmente grande. En un momento, les cede la palabra y hablan sobre sus países de origen allá en África. Era sorprendente la distancia y el respeto que establecía: ni un rasgo de miserabilismo ni de complacencia. Parecía que se estaba construyendo frente a mí una película muy rigurosa. Pero el cansancio y ese rigor me ganaron, por lo que tuve que salir del cine para no dormirme.

Antes había visto Adiós Entusiasmo, sorprendente película de Vladimir Durán. Precedida de un módico éxito en festivales, no me imaginaba que iba a ser un ¿melodrama? familiar filmado en cinemascope. Es de una precisión y una fineza llamativas. La película narra una noche de una familia poco funcional. Son tres hermanos (Martina Juncadella, Laila Maltz, Camilo Castiglione), ningún padre, y una madre (la voz de Rosario Bléfari, no necesitamos más) que no sale de su cuarto, encerrada por alguna razón suponemos que médica. En esa noche le festejan el cumpleaños, invitan amigos, practican obras de teatro y cantan hermosas canciones.

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La madre encerrada en un principio parece ser una convención formal e implícita. Ninguno de sus hijos hace visible lo ridículo de la situación. Esa situación es un limbo sobre el que se montan los mejores momentos de la película, de un humor muy particular. Hacia el final hay unas escenas de psicodrama familiar conducidos por Verónica Llinás y esa convención empieza a mostrar su condición de tal y la película se vuelve menos inquietante (y más intensa, paradójicamente). Siempre es preferible la indecisión.

Hay una tesis oculta en las actuaciones que me cautiva y no sabría explicar. No son costumbristas pero tampoco practican la extrañeza absoluta. Están en un punto medio, siempre tendiente al chiste, sin nada que deberle a la realidad. Son gráciles. Si no me equivoco, todos las actores se formaron con Nora Moseinco, maestra de algunos actores más mainstream hoy pero mentora oculta de la próxima camada del cine argentino: hay que prestarle atención.

Pero la mejor película del domingo es la de Rodrigo Moreno. Una ciudad de provincia respira el aire de la libertad, de un cineasta que parece haberse deshecho de cualquier exigencia de los festivales o de los fondos internacionales. A la salida del cine una persona que conoce más que yo el circuito de festivales remarcó su valentía diciendo que “esta película no te la programa nadie”. En Colón, Moreno filma lo que le gusta: el funcionamiento de una ciudad que se entiende a partir de motivos, relaciones formales, variaciones de ritmo. Muchos la relacionaron con esas sinfonías urbanas de los años ’20, pero si tengo que encontrarle una hermana sería A propósito de Niza, de Jean Vigo. La ciudad no llega ni siquiera a ser un tema de la pelicula: no vemos sus particularidades, negadas desde el título de la película. La mirada es extranjera y logra eso, que nunca uno se acostumbre ni se sienta parte, que nunca entre en confianza, y mire todo eso como pictórico más que como el documento de algo que ha sido.

Con respecto a eso, mi amigo J. decía que a veces la película funcionaba por montaje y otras veces por “realidad”. La película es mejor cuanto más se atiene al montaje y niega la realidad. De hecho, un documentalista del estilo cine directo no se enorgullecería por esta película. Como observadora, es bastante mala. Pero es preferible mirar todas las series de cosas que encuentra (todos los perros, motos, caminatas en la municipalidad), todos los juegos a los que se presta (el truco comprensible que juegan los jovenes y el otro que juegan los viejos, ¿existirá realmente?).

Hay un escritor argentino, Damián Tabarovsky, que dice que la literatura es lo opuesto del peronismo: que para ella es mejor prometer que realizar. Me pregunto qué pensará del cine de Moreno. El suyo es un cine de promesas incumplidas, proyectos irrealizables. En Un mundo misterioso, quizás la película más radical y oculta del cine argentino reciente, se hace un culto de los desvíos, pura digresión. En cambio El custodio y Réimon aparecen más programáticas y más completas en su forma. Menos interesantes. Pero Una ciudad de provincia retoma el camino que dejó Un mundo… y mantiene esa mirada extraña hasta el final, sacándole cualquier resabio de narración. Tiene el mérito de gambetear todas las tentaciones que supone plantear algo sostenido en el tiempo y trata de funcionar sólo fugazmente, de a ratos. Intencionalmente errático, es un cine que no se asusta ante lo impenetrable de lo real, lo incorpora, lo hace material, y sin querer expone lo ridículos que se vuelven algunos directores cuando intentan extraer significados de ello. Aparte tiene las mejores escenas de créditos (los del principio y los del final) que vimos en el BAFICI.

Este texto fue escrito en el marco de las actividades del Talent Campus, y publicado originalmente en el blog del Talent Press.

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