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La encuesta de Las Pistas 2016 – Parte Dos


Lautaro García Candela (El prolífico de Las Pistas. Atiende una juguetería y este año volvió al handball)

Una película

Everybody wants some!! de Richard Linklater.

De Richard Linklater se dice que es un cineasta interesado por el tiempo y en la enunciación suena bien, pero luego hay que comprobarlo: por lo pronto, Everybody wants some!! es una película que narra el último fin de semana antes del inicio de los entrenamientos y el año escolar en una génerica universidad de Estados Unidos. Se divide en capítulos, uno por día, y comienza con la llegada de Jake, otro pitcher más en la viña del Señor. Con él descubrimos a sus compañeros, que llenan dos casas con cerveza, marihuana y las hormonas al aire. Son varios, alguno más grande y experimentado que otro, algunos que son unos psicóticos, la mayoría profesa un sadismo light, el de los pequeños chistes que erosionan el autoestima, el bullying que pasa desapercibido. La lógica de grupo, familiar a todos los que hayan estado en un equipo de algún deporte, es precisa y aceitada: no te descuides nunca. De todas maneras, las consecuencias no son tan graves. Tampoco tienen mucho para hacer, por lo que Linklater se ocupa de registrar todos los pequeños juegos que con los que matan el tiempo y que ahora transcribo en orden de aparición: mini-golf, pool, Space Invaders, ping pong, básquet, juego de los nudillos, dardos, mini básquet, béisbol con acha, competencia de quien puede fumar más en una pipa de agua, saskatechwan (un juego de cartas inventado para asustar a un rookie), y, finalmente, béisbol. Pero la principal actividad, la más importante es estar con todas las chicas posibles. Todo lo que hacen, su líbido, su proyecto vital está en función de eso. Tal vocación podría pensarse como algo banal y sin embargo en Everybody… está filmado con cuidado, con amor incluso, a  gusto de esa gente que odiábamos en la secundaria. Incluso Linklater se iguala con ellos, se hace compinche, encuadrando culos sin ningún tipo de culpa. Todos saben reírse de sí mismos y de su irresponsabilidad, nadie parece darse cuenta de que giran en falso o en el vacío, alrededor de algo sin futuro. Les da lo mismo ser punks, cowboys, o vestirse como bailarines de disco para coger, son pura superficie, convención, producto de una ficción que funciona por el brillo de sus detalles. Sólo existen en el presente, no tienen ni evolución psicológica ni motivación aparente, detenidos en un tiempo histórico que desaparecerá, como el de los chicos de Dazed and Confused. Hay un gran implícito en la película, que es el de lo fugaz del momento universitario, que para ellos es maravilloso e irrepetible. De alguna manera es bastante trágico, como todo relato de juventud. Hacen todo eso, color de rosa y romántico a su manera, porque nunca más sentirán lo que los rodea de forma tan intensa. Y no podemos más que anhelar esa sensación tan vívida y tan palpable que excede la propia película.

Una canción

Si tengo que ser sincero, la canción que más disfrute fue de 1931.

Pero hay varias de este año: el final metálico de Comoara, los boleros de La Flor, el rap de 5 horas de The Get Down, el himno final de El invierno llega después del otoño, el freestyle de Implantación, las canciones apiladas de The Big Short, las cumbias con brillo de Gilda.

Un doble programa

Toni Erdmann (2016, Maren Ade) / Make way for tomorrow (1933, Leo McCarey)

Un descubrimiento

Metropolitan (1990), de Whit Stillman (y toda su obra en general).

En Metropolitan todo lo que vemos es un grupo de niños ricos de Manhattan que desde los pisos altos de sus edificios hablan hasta el amanecer. Hay uno, el protagonista, colorado estilo Ron Weasley, que no tiene tanto dinero -poder adquisitivo es el eufemismo que utiliza él-, pero logra entrar por su cautivante presencia. Detesta esas fiestas pero de a poco se va ablandando, con la promesa del amor de una chica preciosa. Y su madre separada le pregunta cosas, los cuchicheos aparecen, el smoking empieza a repetirse. En el año de Donald Trump allá y de Mauricio Macri acá, Metropolitan se nos presenta como un bálsamo. Ante el ascenso de las facciones más ignorantes y reaccionarias de las clases dominantes, Whit Stillman se interroga sobre todo lo generosas y cultas que pueden ser, sin perder su gracia. Siendo totalmente auto-conciente, consigue la empatía esquivando las espinas de  la culpa y la miserabilidad. Su forma imita la apariencia tranquila, dandy, del burgués urbano, o en sus siglas francesas e inventadas: urban haute bourgeoisie. Niega la realidad  -la ciudad y sus jóvenes reales de 1990- creando una paralela, creyendo en las tradiciones de siglos atrás para llevar adelante su objetivo, el de mostrar a sus personajes como irritantes y snobs: aún así, en tal nivel de superficialidad, la película puede volverse sobrecogedora y autosuficiente. Encontrarse a gusto allí, entre tantas máscaras, trajes alquilados y protocolo, es una experiencia estética fundamental para entender las fricciones sociales que veremos cada vez más.

Hay películas que nos prefiguran antes de que las conozcamos, filmadas mucho antes de nuestro nacimiento. Sólo los ángeles tienen alas, por ejemplo. Soñar, soñar, otro. A nuestros amores, el último que se me ocurre, pero tampoco quiero irme del eje. Con sus antepasados y sus futuros hijos estas películas van formando una red invisible de la cual nuestra sensibilidad se hace parte sin saberlo y entonces, cuando las vemos por primera vez, descubrimos que estaban allí como una casa posible, un refugio atemporal en cual podemos protegernos del ruido del mundo. Uno aprende de ellas como quien mira a sus padres hacer tal o cual cosa, a veces imitándolos, a veces con ansias de diferenciarse. Estas películas moldearon nuestras conductas sin saberlo, de manera subrepticia, obrando sobre nosotros lenta pero sostenidamente. Y así generan una comunidad de individuos desordenados por el mundo que por casualidad nos encontramos y que con una mirada, o un pequeño gesto, es posible identificarnos. Metropolitan forma parte de esa logia imaginaria de películas: no porque seamos marxistas o fourieristas, como su personajes, sino porque entendemos que los verdaderos enemigos son los Rick von Slonecker del mundo.

Una película que decidiste no ver

Creo que vi todas las que no debería haber visto, así que cambio la consigna. Me gustaría olvidarme por siempre de dos películas: El ciudadano ilustre y Escuadrón Suicida, para seguir manteniendo mi fe en el cine.

Una experiencia en el cine

Ninguna en particular.

Un texto

El obituario de Jacques Rivette por Quintín. Podrán decir lo que quieran pero es un placer leer a alguien que está aprendiendo frente a nosotros de una manera sincera.

Me gustaría nombrar algo de literatura. Este año pude leer dos de los libros que aquí recomienda Fito Paez y tengo que agradecerle, ya que fueron las dos lecturas más intensas que tuve: Una excursión a los indios ranqueles, de Lucio V. Mansilla y Vivir afuera, de Rodolfo Fogwill. Y dejo dos de autores argentinos contemporáneos: Gracias, de Pablo Katchjadián y Las Chanchas, de Félix Bruzzone.

Por último, lecturas políticas: lo mejor que leí fue Orden y progreso, de Martín Rodríguez. Lo peor, este post de Revista Panamá, que por un momento me creí: qué ingenuo.

Un plano o fotograma

Dejó un GIF de una película que fue desaprovechada.

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Ivan Morales (Investigador y crítico. Ñoqui riquelmista)

Una película
The Hateful Eight (Quentin Tarantino, 2015)

Una canción
Para los que pudimos ir al festival de Mar del Plata se nos hace difícil evitar el uso de las canciones que hace Pierre Léon. Me quedo con esta pequeña escena de Guillaume et le sortilègies (2007):

Un doble programa

The Big Short (Adam McKay, 2015)
American Madness (Frank Capra, 1932)

Un descubrimiento

The Raid (Hugo Fregonese, 1954)

Una película que decidiste no ver

The Witch: A New-England Folktale (Robert Eggers, 2015)

Una experiencia en el cine

Show People (King Vidor, 1928) con la orquesta de Mar del Plata.

Un texto

Lautaro García Candela, “Los ’80”.

Un plano o fotograma

Fantomas (Feuillade, 1913)
Elle (Verhoeven, 2016)

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Martín Emilio Campos (Cineasta, crítico, proyectorista en el Cineclub Municipal de Córdoba, que desde Buenos Aires envidiamos bastante)

Una película

Homeland (Iraq Year Zero) (Abbas Fahdel, 2015)

Las preguntas importantes: ¿Cómo se prepara un ser humano para afrontar una guerra inminente? ¿Cómo se sobrevive, cómo se muere?

Una canción

El soundtrack completo de The Lure (Córki dancingu, Agnieszka Smoczynska, 2015)

Desde que aparecen sobre el Báltico entonando armonías celestiales no se nos ocurre mejor idea que usar a esas dos sirenas para ser la voz de una banda de synth pop. Ácida como el mundo corroído que las muchachas van descubriendo, la sensual y pendenciera banda sonora de esta banda de casinos y cabarets se siente en la piel como el calor en una tarde húmeda.

Un doble programa

La muerte de Luis XIV (Albert Serra, 2016) y Masculino, femenino (Jean-Luc Godard, 1966)

A Jean-Pierre Léaud lo hemos visto crecer en las películas. Desde el Antoine Doinel de trece años al Luis XIV de siete décadas han pasado casi 60 años de carrera. Ver La muerte de Luis XIV genera un terror casi infantil por ver a Léaud desintegrado, al borde de la muerte. Y elijo Masculino, femenino de Godard para completar el programa no sólo porque es una de las pelis que vi este año (me parece una condición clave para el desarrollo de la encuesta) sino también para poder ver, claramente, qué significan esos inmaquillables 50 años para el rostro de un actor.

Un descubrimiento

Stand by for Tape Back-up (Ross Sutherland, 2015)

Venía padeciendo un Bafici decepcionante y alicaído hasta que me topé con la sorpresa del año; antes incluso de rapear sobre el grotesco sistema bancario, con la teoría sobre lo que verdaderamente se narra en los créditos de The Fresh Prince de Bel-Air ya se había consagrado.

Una película que decidí no ver

The Iron Horse (John Ford, 1924)

Recién llegado a Mar del Plata, sin poder acreditarme y con el rumor de que las entradas ya estaban agotadas (qué poco digno para semejante festival resultó el sistema de ventas) decidí no intentar hacer lobby en la entrada o directamente colarme a la función. Por las descripciones que me han llegado, una decisión que cargaré como una cruz por el resto de mi vida.

Una experiencia en el cine

Seven Sinners (Tay Garnett, 1940) en el Cineclub Municipal Hugo del Carril, miércoles 17/08 a las 23.

Desde que vi Donovan’s Reef (John Ford, 1963) en el viejo local de pollos a las brasas donde funcionaba el Cinéfilo no sentía una sensación similar. El placer, en realidad la alegría de ser plenamente consciente de estar disfrutando desde la mismísima secuencia de títulos una película que se saborea de principio a final como una obra maestra. Bares, islas, puertos, Dietrich, piñas, besos, Wayne.

Un texto

La razón de las lágrimas, de Roger Koza.

Se sabe que Roger logra en los viajes a Cannes, a pesar (o quizás a causa de) una agenda apretadísima que sacrifica una cantidad considerable de horas de sueño, algunos de sus mejores textos. Su nota sobre las películas premiadas (y las que no lo fueron) es una verdadera lección sobre la política en el cine y en especial contra aquellas que, dixit, sin rabia ni indignación, pactan involuntariamente con aquello que desean denunciar. Para imprimir y pegar en el espejo del baño.

Un plano o fotograma

En realidad el fotograma preciso es otro en esta escena, en el instante en que con un sobreimpreso se explicita un dato clave sobre el futuro de Haidar. Quien no lo haya visto quizás pueda encontrar una de las decisiones formales más sutiles, lúcidas, difíciles y duras que haya dado el cine en su historia.

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Martín Iparraguirre (Crítico en el diario Hoy. Parece el más serio de la pandilla cordobesa pero no lo es)

Una película

Como me da la gana II es al mismo tiempo una especie de síntesis de toda la obra de Ignacio Agüero y un punto de partida de su cine hacia lo desconocido, ya que el maestro chileno logra llevar aquí al paroxismo su placer por el juego con las formas y posibilidades del lenguaje cinematográfico, como siempre desde un lugar de pura amabilidad en el contacto con los otros y sus circunstancias. Una película que destila un amor inagotable por el cine, donde la libertad y la lucidez de Agüero se potencian para aprovechar las posibilidades que brinda el cine para establecer una relación reflexiva consigo mismo y con el mundo.

Una canción

Puesto que doy por sentado que mi primera opción, “Go West” de Pet Shop Boys en Mountains May Depart, de Jia Zhang-ke, será de las canciones más votadas, voy a agregar otra opción completamente diferente aunque curiosamente afín: “Lambada”, de Kaoma, en John From, de João Nicolau, que también irrumpe al final de la película para certificar esta vez que la ficción se ha apoderado definitivamente de ella. A pesar de la abismal diferencia que hay entre las canciones, ambas funcionan de manera similar en sus películas: se hacen cargo de la expresar un espíritu afín de celebración de la vida y sus posibilidades, aún con todos los avatares que se pueda imaginar. La segunda seguramente nunca sonó mejor también que en ese espacio y soporte.

Un doble programa

Luna nueva (1940), de Howard Hawks, y  Spotlight (2016), de Tom McCarthy, configuran dos formas acaso opuestas de entender el periodismo aunque igualmente inteligentes en su forma de concebir el oficio y sus miserias y virtudes.

Un descubrimiento

Stand by for Tape Back-up, de Ross Sutherland, por ser una película que consigue reflejar la memoria emotiva que constituye el cine (y la televisión) para cualquier espectador mínimamente sensible, a partir del rescate de un VHS familiar y la intervención que realiza el director, también poeta, sobre él. Otra opción igualmente importante, que también le debemos al Bafici 2016 es The Brick and the Mirror (Irán, 1968), de Soleyman Minassian.

Una película que decidiste no ver

Kékszakállú, de Gastón Solnicki.

Una experiencia en el cine

Hace más de 90 años, John Ford estrenaba El caballo de hierro, una experiencia que Mar del Plata permitió rescatar de entre las cenizas del tiempo con su ciclo clásicos restaurados, proyectados con orquesta en vivo, lo que permitió comprobar no sólo la conocida perfección del cine clásico sino también la potencia sensorial que implicaban sus condiciones originales de visión, algo que hoy parece imposible de igualar aún con toda la tecnología disponible.

Un texto

Volveré sobre clásicos que siempre vale la pena reivindicar y este año volví a releer. El libro sobre Charlie Chaplin editado con artículos de André Bazin (Paidós), que tiene un prólogo a cargo de Francois Truffaut donde el crítico muestra su capacidad de síntesis y lucidez para analizar las diferentes dimensiones del cine de Charlote, por ejemplo la forma en que utiliza los objetos.

Un plano o fotograma

Por su relevancia política pero también por su inteligencia formal y su posición ética a la hora de filmar la experiencia de la guerra desde la intimidad de una familia, Homeland: Iraq Year Zero, de Abbas Fahdel, es la película del año (no fue elegida como tal en esta lista simplemente porque ya la vengo votando desde 2015). En sus cinco horas y medias de duración, hay por supuesto varios planos que sintetizan su propuesta, aunque yo elegiré aquél que muestra a toda la familia reunida para ver una película de Disney, que en mi opinión basta para destituir las inconmensurables distancias construidas con el espectador occidental y reflejar también la relación de fascinación que los protagonistas mantienen con la cultura de la potencia invasora.

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Juan Antonio Herrera (Programador de nuestro cineclub favorito de Capital. Anarco cinéfilo)

Una película
Elle, de Verhoeven. Quiero un spin-off de la mujer del vecino. Ella es el verdadero monstruo de la película.

Una canción (en una pelicula)
No se me ocurrió ninguna

Un doble programa (una vieja y una nueva)

Love and Friendship de Whit Stillman y Si Versaille m’etait conté de Sacha Guitry.

Dos grandes comedias sobre la hipocresía que transcurren en cortes europeas. Si la hipocresía es el homenaje que el vicio le rinde a la virtud como decía la Rochefoucault, el mismo hombre de corte y moralista; un vicioso brillante, justamente aquel que debe desplegar tesoros de esfuerzos y de inteligencia para imitar la reputación aburrida de la gente honesta es un personaje irresistible. Los hipócritas de Guitry son mas sinceros – y mas misóginos, claro – que Lady Susan con sus mentiras porque en la película de Guitry la hipocresía es un gran juego tácitamente compartido por toda la corte, la norma mas que la excepción. Lady Susan en cambio se juega la vida con sus mentiras y sus manipulaciones y por eso es un ser de excepción en la corte británica, una alquimista que convierte la mentira en verdad y el vicio en virtud.

Un descubrimiento

Divines de Houda Benyamina. El subgénero del cine francés que se dedica a retratar la vida en los monoblocs de los suburbios parisinos se volvió bastante formulaíco en casi 30 anos. Houda Benyamina renueva aquel imaginario estrecho pero profundo con viejas recetas del cine: melodrama, comedia, musical… Es Vincente Minelli filmando la venta del hashish en los sotanos de los edificios. Divines también consigue conyugar ese universo en un relato femenino mucho mejor que la ultima película de Celine Sciama de la cual creo que todos esperábamos mucho mas. También este año descubrí las películas de Miklós Jancsó

Peliculas que decidí no ver

Miss Peregrine’s Home for Peculiar Children, Juste la fin du monde, Suicide Squad, El Conjuro 2, y la serie Westworld después que llegué hasta el 3er episodio. También creo que decidí que nunca mas iba a ver una nueva película de Scorsese.

Una experiencia en el cine

Ninguna. Voy al cine los lunes a la mañana para pagar mitad de precio y para que no me coman pochoclos en los oídos. Es la manera mas misántropa de ver cine que no facilita los encuentros ni la generación de anécdotas

Un texto

El espíritu del terrorismo es un articulo publicado dos meses después del 11 de septiembre por Jacques Baudrillard en le Monde. Sin casi hablar de cine es el mejor análisis prospectivo sobre la producción cinematográfica en el siglo 21. Daney decia diez años antes que la televisión era la pornografía y el cine la obscenidad, porque la primera sirve para decir que la cosas funcionan como deben funcionar mientras el cine se concentraba en aquello que no andaba. Diez anos después Baudrillard le responde (sin saberlo) que el juego ha cambiado y que la modalidad pornográfica es hegemónica, que es la condición de posibilidad para que cualquier objeto -cultural o no- sea una mercancía.

Un plano o fotograma

Todos mis planos favoritos que vi en el 2016 están en The Assassin de Hou Hsiao Hsien.


Sofía Marramá (Cordobesa exiliada. Amorosa directora de arte)

Una película

La Flor (Parte I) de Mariano Llinás

Una canción

Las estrellas  (La Flor de Mariano Llinás)

Quiero subir al cielo una noche de estas
que recorramos juntos todas las estrellas
visitar la galaxia, tu mano en la mía
sin pasado y futuro, sin noche ni día.
Quiero dejar atrás mi vida aquí en la tierra
que nos perdamos juntos en algún planeta
Ver el sol ocultarse detrás de Saturno
todo eso y mucho más y que lo hagamos juntos.

En algún lugar del espacio astral volar junto a tí,
sentirme feliz, la estrella polar nos verá pasar
y al vernos brillar nos va a saludar,
y la Osa Mayor verá nuestro amor y también cantará
ésta canción.

Imaginate amor que hermosa fantasía,
el cosmos hecho hogar lleno de alegría
la Vía Láctea pintada de todos colores
los astros brillarán como si fueran flores
Quiero cantar contigo miles de canciones
ante una gran auditorio de constelaciones,
hacerme amiga de las estrellas fugaces,
y contarles en secreto lo feliz que me haces.

En algún lugar del espacio astral volar junto a tí,
sentirme feliz, la estrella polar nos verá pasar
y al vernos brillar nos va a saludar,
y la Osa Mayor verá nuestro amor y también cantará
ésta canción.

Un doble programa

Las vacaciones del Sr Hulot (Jacques Tati – 1953)
Sunset Song (Terence Davies – 2015)

Un descubrimiento

Gold Diggers of 1933 (Mervyn LeRoy – 1933)

Una película que decidiste no ver

Elle de Paul Verhoeven. Empecé a verla justo el día que le habían entrado a robar a la madre de un amigo y no me gustó nada la coincidencia, decidí dejar de verla, será otra vuelta.

Una experiencia en el cine

Salí llorando de ver Homeland (Irak year zero). Eran las 3 am, agarré la bicicleta y me la pasé llorando camino a casa.

Un texto

El decálogo de la mala crítica (Jorge Baron Biza)

Yo había preparado un speech sobre la función crítica del escándalo y había consultado un poco de bibliografía sobre la función del cuerpo en el escándalo en los cínicos griegos; y la función de la palabra en los santos; y la función de la denuncia; y otras cosas… Pero no voy a hablar de nada de eso porque me han ocurrido acontecimientos en La Cumbre con los cuales he quedado comprometido y de los cuales tengo que dar testimonio.

Estaba paseando ayer, y aunque ya he pasado hace tiempo la mitad del camino de mi vida, se me apareció la sombra de Sainte–Beuve –el crítico contra el cual escribió Marcel Proust, un crítico que quería competir con Balzac y Flaubert–, y me tomó de la mano, y aunque no me metió en una selva oscura, me metió en un potrerito con bastantes espinas, y me encontré en el primer círculo del infierno con un grupo de señores que tenían a su lado una pila de suplementos literarios. Lloraban, gemían, pataleaban.

–¿Qué les pasa a ustedes? –pregunté.

–Estamos condenados, Jorgito. Nos han condenado a leer suplementos culturales.

–No es tan grave –dije–, yo los escribo. Y a veces también los leo.

–Sí –me dicen–, pero el problema en este infierno es que leemos los suplementos pero no nos dejan leer los libros.

–¡Qué horror! –dije, y me escapé.

Mientras me escapaba, veía que algunos verdaderamente sufrían. Pero otros condenados estaban contentos con leer sólo los suplementos; y no sólo estaban contentos, sino que incluso se les reunía gente alrededor y les hablaban de literatura y los escuchaban muy atentamente.
Caí al segundo círculo. Había un crítico dando una conferencia mientras los condenados lo escuchaban y proferían un ruido que no se sabía si era un gemido o un bostezo.

–¡Desgraciados! –les dije– ¿Qué les pasa?

–Estamos condenados, Jorgito.

–¿Y a qué están condenados?

–Estamos condenados a esperar que este hombre diga un concepto claro. Pero el organizador de este mundo atroz, el Dios de la Mala Crítica, nos ha prometido que cuando pesquemos un concepto claro en este hombre, vamos a quedar liberados.

Por eso gemían pero no lloraban ni gritaban. Yo me fui horrorizado porque comprendí en seguida, aunque ellos no lo supiesen, que la condena era eterna.
Caí al tercer círculo. Había unos señores con unos libritos y unas reseñas al lado. Todos apesadumbrados, terriblemente tristes.

–¿Y a ustedes, condenados, qué les pasa?

–Ah –me dicen–, somos los escritores.

–¿Y a qué los han condenado?

–Nos han condenado a que encontremos alguna relación entre nuestros libros y las críticas que se publicaron. Cuando la encontremos, seremos liberados. Otros condenados a eternidad.

Salí rajando, y entonces mi guía me llevó frente al Dios de la Mala Crítica. Y el Dios me habló. No sé por qué me eligió a mí.

–Hace cinco años –me dijo el Dios de la Mala Crítica–, en un diarucho de los Estados Unidos, se publicó el decálogo de la buena crítica. Por suerte, mis súbditos, los medios de prensa, no le han dado ninguna difusión a ese decálogo, de manera que no ha tenido ninguna trascendencia. Pero a mí, de todas maneras, me ha dado mucho que pensar, me he dado cuenta de que, a pesar de que somos vencedores, mi reino no está regido por normas claras todavía. Cada uno de mis súbditos, con mucho talento y mucha capacidad, se las arregla bastante bien para que impere la mala crítica. Pero me parece que ha llegado el momento de que reciban las Tablas de la Mala Crítica. Por supuesto –me dijo–, vos vas a ser mi profeta.

Y aquí estoy, con los mandamientos de la Mala Crítica y el mandato de transmitírselo al mundo, con la convicción de que mi mensaje no va a ser esta vez provinciano sino que va a ser nacional y universal. Y no solamente creo que la mala crítica se ha practicado y se practica sino que se practicará hasta la consumación de los tiempos. Así que empecemos con el decálogo.

1. De un libro sólo se habla para explicarle al autor cómo debiera haberlo escrito. Privilegiar siempre lo negativo.

2. La crítica es el espacio ideal para ajustar cuentas con ese otro crítico al que invitaron al congreso en Acapulco en vez de invitarme a mí. Los escritores son piezas de ajedrez en ese juego. Los escritores de mi rival son una porquería; los míos, unos genios. Cualquier encono o teoría literaria o política sirve para dividir la literatura argentina.

3. No informar nunca al lector. Aburrirlo siempre. No analizar nada.

4. Los cheques se leen, los libros se hojean. No caer en el error de creer que un libro puede portar ideas y expresar tendencias. No descubrirlas, no sintetizarlas, no comunicarlas.

5. Publicar recensiones incomprensiblemente memorables. Si alguien se acuerda del libro que quiero reseñar, es problema de él. Yo me acuerdo de Susana Giménez gritando “shock”; la marca de jabón qué me importa. (Y lavarme, menos.)

6. Dejar siempre en el tintero estupideces como a qué género pertenece el libro, qué calidad tiene, a qué público se dirige, y si es o no aburrido.

7. No hacer crítica si se pueden hacer entrevistas, pastillitas con chimentos, contar cuál es el vicio del escritor o publicar alguna foto.

8. No olvidar que siempre el chiste triunfa sobre la verdad, que todo puede ser dicho con conventillera malignidad.

9. La imparcialidad es la mejor excusa para no decir nada. La neutralidad será el disfraz de tu nulidad.

10. Aceptar todas las invitaciones de las grandes editoriales porque este rebusque de crítico me sirve sólo hasta que publique mi libro. Entonces, van a ver esos escritores pelandrunes lo que es literatura en serio.

Un plano o fotograma

Pensaba dibujar un corazoncito sobre el fotograma estilo foto de instagram, pero la belleza de la imagen no me lo permite.

Misterios de Lisboa (Raúl Ruiz)

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Ramiro Sonzini (Crítico en Revista Cinéfilo. Entuasiasta, fordiano, y fan de Las Pistas) 

Una película

The Brick and the Mirror fue la película que mayor impresión me causó en todo el año. Una obra compuesta de largas secuencias que van transformándose a medida que transcurren en una sucesión de movimientos coreográficos de cámara, de personajes, de ideas y de atmósferas, en donde siempre hay un momento en el que el espectador se pierde en la maraña del mundo que se va desenvolviendo para luego reubicarse gracias a una revelación producida por la escena. The Brick and the Mirror tiene por lo menos un momento sublime en cada una de sus escenas. Y lo que termina de convertirla en LA película del año es una extraterrestre secuencia de montaje descriptiva de una sala de cunas repleta de bebés recién nacidos, imposible describirla: es absolutamente necesario ver esta película.

Una canción

“Everybody’s Talkin’, es una canción sobre la heroína, por cierto, compuesta por Fred Neil, que se inspiró en Luke Askew, un actor” dice Harry Dean Stanton antes de comenzar a cantar esta hipnotizante balada, que condensa la atmósfera espesa y oscura del mejor retrato de artista que vi en mucho tiempo: Harry Dean Stanton: Partly Fiction.

Un doble programa

Durante una buena parte de este 2016 estuve viendo películas de deportes porque siempre me gustaron mucho y al empezar a investigar me di cuenta que había muchas que no conocía y muchas muy buenas. Tanto Everybody wants some!!, último trabajo de Richard Linklater, como Breaking Away, del no tan conocido por estos tiempos Peter Yates, son un poco falsas películas sobre deportes. Porque si bien el relato de ambas está justificado por el desarrollo de una actividad deportiva (Baseball y ciclismo respectivamente) son películas cuyo verdadero interés está puesto en describir las particularidades de una pequeña comunidad sujeta a un espacio específico. En el caso de Linklater, los estudiantes becados para estudiar en la universidad por sus aptitudes deportivas, en el caso de Peter Yates los jóvenes nacidos y criados en el pueblo donde está ubicada la universidad prestigiosa a la que ellos nunca tendrán oportunidad de asistir porque nacieron para otra cosa, para trabajar en las canteras de su pueblo. Dos grupos de jóvenes de la misma edad, con intereses muy similares, pero ubicados uno dentro y otro fuera del alambrado que delimita el predio universitario. Y a pesar las irreconciliables diferencias entre los personajes ambas películas comparten un amor hacia la juventud y su capacidad de transformar su entorno y sus vidas que las hermana.

Un descubrimiento

El descubrimiento del año se lo debo a mi amigo Alejandro Cozza, que este año fue encomendado a escribir el prólogo de un libro sobre Teen movies para lo cual se embarcó en una larga travesía a través de la historia y los vaivenes de este género tan empático y disfrutable; y encontró varias joyitas medio tapadas dentro de las cuales la más brillante es sin duda Over The Edge de Jonathan Kaplan. Una película diminuta con un espíritu comunitario y anárquico pocas veces visto en la historia del cine, sólo comparable con Cero en conducta de Jean Vigo. El problema de ver esta película es que cuando termina uno se queda con la extraña sensación de que no va a volver a ver nunca una teen movie tan genial como esta.

Una película que decidí no ver

La película que decidí no ver en una sala de cine fue Homeland: Irak Year Cero. Cada vez que tuve la oportunidad de verla en un festival por X o por Y no lo hacía. Secretamente, la extensa duración y la complejidad del “tema” un poco me espantaba. Finalmente la terminé viendo en mi casa, en una copia no tan buena y más allá de la felicidad que me dio constatar la existencia de semejante obra, me quise morir por no haberla visto en el cine.

Un texto

Mi texto elegido pertenece a este mismo blog, que en mi opinión es el espacio de escritura de cine que más ha crecido (por lo menos en mi cabeza) en este 2016. Es el texto que escribió mi amiga Lucía Salas a propósito de su experiencia como directora en el marco del BAFICI. Apenas lo leí, hace más de seis meses, decidí que lo elegiría para esta lista. Es un texto que me resulta inspirador, que dan ganas de escribir y que muestra una forma de pensar totalmente distinta a la que traslucen la mayoría de los textos que acompañan a las películas en la actualidad. Si aún no lo leyeron no pierdan más el tiempo conmigo.

Un plano o fotograma

El fotograma es de Boudu salvado por las aguas de Jean Renoir. No es un momento importante de la película, ni un plano ilsutrativo ni nada por el estilo. Como muchas personas acostumbradas a ver películas en la computadora tengo la costumbre de ir haciendo capturas de pantalla al pasar, cuando algo me llama la atención, pero sin parar el reproductor, y al tiempo reviso los fotogramas y me ayuda a recordar las películas. Este es un fotograma accidental, de esos que uno hace tratando de capturar otra escena pero justo termina y se captura el primer momento de la escena siguiente. Y me resultó fascinante, me parece que en sí guarda toda una historia, toda otra película que no se desarrolla en Boudu, pero que está contenida, en potencia, en este fotograma.

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José Fuentes Navarro (Crítico en Revista Cinéfilo. Cocinero y melómano)

Una película

Correspondências (2016) de Rita Azevedo Gomes

¿A qué género pertenece esta película? ¿Es un ensayo? ¿Pero si es asi cual seria su tesis? ¿Será un documental? ¿Pero sobre qué exactamente? Hay un tema que claramente rige el film: el intercambio epistolar que mantuvieron por más de 20 años los poetas Sophia de Mello y Jorge de Sena, quien se exilia de Portugal durante la dictadura de Salazar y nunca logra volver a su país. Estas lecturas que atraviesan la película son melancólicas, rabiosas, a veces eufóricas y funcionan como una ventana al tiempo que que les tocó vivir.

Las cartas y poemas son leídas alternativamente por una vasta cantidad de invitados que a su vez actúan en pequeñas escenas o aparecen en algunos planos. Entre los que logro reconocer estan  Luis Miguel Cintra, Pierre Leon, Eva Truffaut, Renaud Legrand, Boris Nelepo y Edgardo Cozarinsky. Lo que me tienta a decir que para lograr una película sobre dos amigos (Correspondencias,como todo gran film,es también una película sobre la amistad) que se extrañan, Azevedo Gomes se rodea de los suyos, pero en verdad desconozco si esto es así o no. Lo que sí se puede aseverar es que todo el tiempo observamos un dispositivo que se va descubriendo a sí mismo, una película en permanente proceso de mutación que utiliza la mayoría de las posibilidades técnicas del cine desde el super 8, pasando por el video hasta el digital o  las diferentes relaciones de aspecto como el 1:33 o el 16:9. Muchas veces estos recursos están yuxtapuestos en la pantalla, como si Azevedo Gomes sampleara las imágenes en plano creando una nueva, un poco a la manera del Nicholas Ray de We can´t go home again. Sin embargo estos dos aspectos son uno, nos llegan como un todo.

Entre las cartas, los poemas, citas a Borges y alusiones a la Odisea se escucha una voz en off que dice: Tal vez la vida es la lucha de las imágenes que no mueren. Entonces se entiende que no es una película inclasificable, su propósito es emocionarnos que es de lo que se trata todo esto.

Una canción

Francisco Canaro, Poema. En un corto de Abbas Kiarostami dedicado a Scorsese.

The Only Ones, The Whole of Law. En Algas, de Maria Laura Pintor.

Un doble programa

Hellzapoppin´ de H. C. Potter (1941) / Les cinephiles, capítulos 1-2-3 de Louis Skorecki (1989 – 2007)

Un descubrimiento

Las películas de Pierre León en el festival de Mar del Plata / El ciclo Ranown de Budd Boetticher.

Una película que decidiste no ver

Decido no ver muchas películas, a su vez no esquivo nada.

Una experiencia en el cine

La proyección de El caballo de hierro de John Ford en el teatro Colón de Mar del Plata / Quintín haciendo callar a los gritos a un tipo que a su vez quería hacer callar a Pierre León en medio de la presentación de Par exemple, Electre.

Un texto

40 años con Rocky de Lucía Salas / Sobre el país del cine: Para una historia política del nuevo cine argentino de José Miccio.

Un plano o fotograma

The Man Who Fell On Earth (1976) de Nicolas Roeg porque la gente tiene esa mala costumbre de morirse y este año se fue David Bowie  / Stand By For Tape Back-up (2016) de Ross Sutherland, mi opera prima del año.

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Paola Buontempo (Reina de Festifreak. Fotógrafa de las sorpresas de la ruta) 

Una película

La Mort de Louis XIV (Albert Serra)

Una canción (en una película)

Amore disperato en Maria do mar (João Rosas) y La disco resplandece en La disco resplandece (Chema García Ibarra)

Un doble programa (una vieja y una nueva)

El ciclo Ecos de Monteiro dentro del festival Márgenes. Dichosos los que asistieron a ese abrazo generacional > http://margenes.org/muestras/ecos-de-monteiro.html

Un descubrimiento

La obra de Deborah Stratman > http://www.pythagorasfilm.com
Quedo atenta a los próximos pasos de Damien Manivel (Le Parc) y Peter Modestij (6A)

Una película que decidiste no ver

El ciudadano ilustre

Una experiencia en el cine:

El múltiple programa La esencia del humor de Peter Tscherkassky  (Freeze Frame, Parallel Space: Inter-View, Happy-End, Shot-Countershot, Instructions for a Light and Sound Machine y Coming Attractions) proyectado en BIM (Bienal de la Imagen en movimiento).

Un texto

El cine de la devoción de Nathaniel Dorsky

Un plano o fotograma

Eldorado XXI (Salomé Lamas)

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Tatiana Mazú (Cineasta. Y ahora parece que también cocinera)

Una película

Porque me gusta jugar, voy a elegir una sola película, como dice la consigna: El viento sabe que vuelvo a casa de José Luis Torres Leiva. Como siempre que juego hago trampa, no voy a dejar de lado de ninguna manera Homeland (Irak año cero) de Abbas Fahdel, El auge del humano de Teddy Williams, Las calles de María Aparicio, Cuatreros de Albertina Carri, Gulistán, land of roses de Zayne Akyol y Dead slow ahead de Mauro Herce.

Una canción
“Oops! I did it again” de Britney Spears en Las lindas de Melisa Liebenthal y “Ojos así” de Shakira en Homeland (Irak año cero) de Abbas Fahdel.

Un doble programa

British sounds de Dziga Vertov Group y Una juventud alemana de Jean-Gabriel Périot.

Un descubrimiento

Las películas de Robert Kramer. Algunos cortometrajes que coincidieron con el mío este año, de personas que espero que sigan filmando: Merodeo de Fernando Restelli; El infierno de Beatriz de Marcos Migliavacca, Crónicas emergentes de Néstor Saracho; Los sueños de la tortuga de Bruno Ciancaglini, Deconstrucción, crónicas de Susy Shock de Sofía Bianco, No hay bestias de Agustina San Martín.

Una película que decidiste no ver:

Hermia y Helena de Matías Piñeiro.

Una experiencia en el cine

Las seis horas de Homeland (Irak año cero) de Abbas Fahdel un día de tormenta, con vino, agua, tartas, leche condensada, una almohada de viaje y una frazada en la sala de MALBA. Las discusiones en torno a Monger de Jeff Zorrilla en todos los rincones de Mar del Plata.

Un texto

“La cámara opaca” de Jean-Louis Comolli y otros, compilado por Emiliano Jelicié. Dos entrevistas que giraron por internet: “Contra el guión cinematográfico”, de Jerónimo Atehortúa Arteaga a Pedro Costa; “Un pozo sin fondo”, de Andrea Valdés a Lucrecia Martel. Y esa lista pretenciosa en su título pero llena de cosas que siempre es bueno recordar, “Guide to becoming and avant-garde filmmaker” de Jonas Mekas.

Un plano

No encontré en internet la imagen de Gulistán, land of roses de Zayne Akyol que quería. Pero dejo por acá otro fotograma y hablo del que no pude encontrar. La parsimonia. La tranquilidad antes de la patada. Dos milicianas kurdas en una trinchera se pasan unos binoculares. Amanece azul en el desierto. Sobre el silencio y cada tanto suenan los bips de unos handys que también dejan ver sus leds chillones, que ya no recuerdo si son verdes o amarillos o rojos. Muy a lo lejos se mueven otras lucecitas en hilera. Las milicianas cuchichean entre sí: esas lucecitas imperceptibles son ISIS, a quien volverán a enfrentar dentro de poco.

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Valeria Fernández (Cineasta internacional. Este año casi nos regala un texto) 

Una película
Comoara, de Corneliu Porumboiu. La vi este año (el día de mi cumpleaños), para mí cuenta.

Una canción

El rap de Bel Air en Stand back for tape back-up, de Ross Sutherland.

Un descubrimiento

En Alemania si bajás películas te puede llegar una multa de algo como 600 €, entonces me las tuve que arreglar con Netflix y las películas subidas a Youtube. Mis descubrimientos fueron varios: 21 y 22 Jump Street (mucho perjuicio y prejuicio y resultaron ser buenísimas), cine clase b colonial africano hollywoodense, tal vez un poco polémico pero sumamente fascinante.

Una película que decidí no ver:

Lumières d’eté, de Jean-Gabriel Périot. Me llegaron todos comentarios negativos de gente en cuyo gusto confío muchísimo y tengo miedo de decepcionarme. Une jeunesse allemande me pareció increíble, y Périot, además de ser bastante elocuente, es un cortometrajista genial. No quiero que me rompa el corazón.

Una experiencia en el cine

El exceso, el desborde, el barroquismo de Once de La noche, de Edgardo Castro. (Como bonus tracks quisiera agregar los estrenos de El invierno llega después del otoño, de M. Solarz y N. Zukerfeld, y la caravana a Trenque Lauquen de La flor, de M. Llinás).

Un texto

El teorema de Santiago, de David Oubiña, en El teorema de Santiago, de I. Masllorens y E. Buisel Quintana.

Un fotograma

En realidad son varios. Aviso que estoy en una etapa medio darks.

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Manuel Setton (Todavía estudiante de cine. Pero el 2017 va a ser tuyo, Manu)

Una película

Love and Friendship (Whit Stillman)

Una canción

El himno en El Invierno Llega Después Del Otoño (Malena Solarz, Nicolas Zukerfeld)

Un doble programa

Pajarito Gomez, una vida feliz (Rodolfo Kuhn,1965) – Gilda, no me arrepiento de este amor (Lorena Muñoz, 2016)

Un descubrimiento

Masao Adachi

Una película que decidiste no ver

El Ciudadano Ilustre

Una experiencia en el cine

El Q&A de Ado Arrieta en MDQ, por su carraspera y su teoría con respecto a los celulares.

Un hombre mayor comentando “ese debe ser de La Campora” a su mujer, mientras veíamos L’ amour d’une femme de Gremillon (en Cineclub Pasaje 17) en un momento en particular en el cual el personaje masculino se encaprichaba con su mujer.

Ver El Invierno Llega Después Del Otoño (Solarz, Zukerfeld) con una de las estrellas estelares del film al lado mío, Lucas Granero.

Un texto
Apuntes en 128 bpm por Lautaro Garcia Candela (Las Pistas)

Un plano o fotograma

Hermia y Helena (Matías Piñeiro)

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Elías Giumelli  (Dirigente sindical junior de día, sonidista de noche) 

Una película

Office, de Johnnie To. Detesto los musicales pero es el primero que me parece una genialidad: tal vez es porque sean chinos.

Una canción

La canción final del episodio 2 de La flor.

Un doble programa

El cielo del centauro y El teorema de Santiago. Sorpresivamente, mucho mejor la de Buisel-Masllorens que la de Santiago.

Un descubrimiento

Resistencia o integración de Daniel James, un inglés hablando sobre peronismo.

Una película que decidiste no ver

Miss, de Robert Bonomo. No necesita justificación.

Una experiencia en el cine

Este año me dormí muchas veces en el cine: no sé si será mi interés mermado, la edad o la narcolepsia creciente.

Un texto

Todo lo referido al cine argentino en los ’80 de Lautaro Garcia Candela

Un plano o fotograma

Orgia alimenticia en Sausage party, el cine que se viene.

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Mariano Morita (Crítico en BSO, Las Pistas, su blog. Si se lo cruzan, pregúntenle su teoría sobre De Palma y Godard)

Una película

Mountains May Depart (Jia Zhangke)

Una canción

Take Care de Sally Yeh (Mountains May Depart)

Y esta de La La At Rock Bottom (Nobuhiro Yamashita)

Doble Programa

Right Now, Wrong Then (Hong Sang Soo), Mi noche con Maud (Eric Rohmer)

Descubrimiento

Nobuhiro Yamashita

Película que decidí no ver

El Ciudadano Ilustre

Experiencia en el cine

Office en 3D (Johnnie To)

Texto

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Fotograma

Sully (Clint Eastwood)

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Iván Moscovich (Esperemos que cineasta. Gran descubrimiento del 2016 y revelación actoral en El Profes1on4l)

Me anticipo a aclarar que no vi muchas películas estrenadas en 2016 y que su gran mayoría fueron argentinas, por lo que preferí reducir mi marco a ellas. También me permití unas intervenciones en mis respuestas, así como también la omisión de alguna otra.

Tres películas

Bronce: Hermia & Elena, M. Piñeiro
Plata: El invierno llega después del otoño, M. Solarz y N. Zukerfeld
Oro: El limonero real, G. Fontan

Un doble programa

Earth de A. Dovzhenko / Cumpars1t4 de R. Perrone.

Película que decidí no ver

La Flor, de M. Llinás

Un descubrimiento

Pierre León (retrospectiva en el Festival de Mar del Plata)

Unas experiencias en el cine

The Iron Horse de J. Ford con música en vivo en el Festival Internacional de Mar del Plata. Dedico una mención aparte al ciclo de Historia(s) del cine en la Sala Lugones, aunque su experiencia se extendía más allá de la sala de cine.

Un texto

La revisión de nuestros queridos 80s por parte de ésta revista la encontré particularmente entretenida.

Un plano o fotograma

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Juanse Alamos  (Pichón de productor. Comediante)

Una película

La noche, de Edgardo Castro

Una canción

“Las estrellas”, en la primera parte de La Flor, de Mariano Llinás e interpretada por el personaje Andrea Nigro. La envidia de los pimpinelas y Carlos Bautes del mundo.

Un doble programa

Gilda, no me arrepiento de este amor Gatica, el mono. 
Sé que la relación no es ningún descubrimiento pero por suerte en las encuestas no hay que ser original. Y es que la película de Muñoz (dentro de lo que vi, la mejor película argentina del año después de La noche)  no sólo recuerda a Gatica… sino a gran parte de la filmografía de Favio. Hace unos días, tuve una (tal vez un poco fuerte) discusión con mi viejo sobre Gilda… a la que él acusaba de “poco objetiva” ya que la consideraba una biopic. Tal vez la respuesta hubiese estado en las líneas que anteceden la película de Favio: “Salvo los datos históricos –en los que algunos nombres han sido cambiados-, los hechos narrados en esta película fueron recogidos de la mitología popular y recreador libremente por los autores”. Tendré que mostrársela a mi viejo.

Un descubrimiento

Pierre León

Este año fui por primera vez a Mar del Plata, así que no puedo decir que fue una edición algo floja comparada a la de otros años, cosa que he oído mucho. Es cierto que, aunque muchas películas me gustaron, me fui con una sensación medio vacía comparada a la que me he llevado de los últimos BAFICIs, festival al que soy mucho más habitual. En realidad, esto hubiese sido así de no ser por la retrospectiva de Pierre León. Francés nacido en Rusia, Pierre León es un cineasta del que nunca había oído hablar que terminé viendo por recomendación de amigos. Fantasmas, mails cantados y adaptaciones de Dostoievski, claramente Pierre León ha sido lo mejor de este Festival de Mar del Plata 2016 y un gran descubrimiento personal este año.

Una película que decidiste no ver

Hay que verlas todas.

Una experiencia en el cine

Cuando vi John From
En el marco del último BAFICI, me colé por primera vez a una película. Tarde pero seguro. Quería ver John From, peli que todo el mundo me había recomendado. No quedaban más entradas. A esa misma hora (debió haber sido a eso de las 20.30hs la función), arrancaba Oleg y las raras artes, no dudé en sacar una entrada. Con eso, conseguí entrar al subsuelo del Village de Recoleta. Ya tenía un pie adentro. Aquí la cosa se complicaba. John From la pasaban en la sala 2 mientras que a Oleg… en un número altísimo, 6 u 8. Llegué a donde te piden la entrada, a la izquierda, las salas 1 y 2, a la derecha, el resto. En un intento desesperado me mezclé en un grupo de gente que iba a ver John From y me ubiqué, tras ellos, a la derecha del chico que cortaba los tickets. Pasan ellos, seguía yo. Evitando cualquier contacto visual, y me perfilé para la sala 2. “No, no, sala 6 es por allá”, me dijo el pibe. Resignado, sólo atisbé a decir “Gracias”, “qué sé yo, tal vez Oleg y las bellas artes no eran una mala opción”, pensaba. Cuando fui para la derecha, vi que detrás del chico de los tickets había una columna y un pequeño espacio hasta la pared. No lo dudé un segundo. Me escabullí por ahí y entré sin voltear en la sala 2. No me relajé hasta que arrancó la peli y apagaron las luces. John From, resultó un peliculón, de Oleg… todavía conservo la entrada.

Un texto

Mar del Plata 2016 – Una crónica posible, de Lautaro García Candela

Un plano o fotograma

Montaje prohibido: Me casé con un boludo, de Juan Taratuto

Taratuto sabe bien que cuando en una misma acción aparecen Polino, Nico Vásquez, Vicky Xipolitakis, Noelia Pompa, la brujita Verón y Vicentico, el plano no puede cortarse.

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Matías Marra (La esperanza de la FADU. Fan de Pino Solanas)

Una película

Elle (2016). La idea de un cine “político”, en mi humilde opinión, se basa en exploraciones formales y temáticas como la que hace Verhoeven. Elle es increíble, es una película que da (una sana) envidia: ¿algún día llegaré a escribir una película tan gloriosa como esta? (Y digo gloria en términos de experiencia no de éxito)

Una canción

Go West en Mountains May Depart

Un doble programa

Mujeres que trabajan / Gulistan, Land of roses 

El movimiento político que se lució este año con dos movilizaciones impresionantes, y en el último Festival de Mar del Plata

Un descubrimiento

Ver a Kaurismaki en la era Macri es muy alentador y feliz, y este año también vi la última de Vinterberg, Far from the madding crowd (2015), y aunque no es una gran película, me confirma que es un capo película a película. Es el único director que sigo desde adolescente que no me traicionó.

Una película que decidiste no ver

Iraq año cero porque me parecía muy larga -no me maten-.

Una experiencia en el cine


Gilda. Estuve cautivado toda la película por Nati Oreiro, tuve la sensación de que así debía sentirse ver películas de estrellas entre 1930-1960.

Un texto

No estoy leyendo crítica últimamente, pero leí el manifiesto del free cinema inglés, donde dicen “Actitud significa estilo. Estilo significa actitud.”

Un plano o fotograma

El plano final de Creed, una buena dosis de optimismo

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Juan Francisco Gacitúa (Crítico en El Amante, su blog, Las Pistas, Revista Cinéfilo, etc. También es celebridad en Snapchat) 

Una película

La larga noche de Francisco Sanctis

Una canción

Weeping Willow de Scott Joplin (Hermia & Helena)

Un doble programa

Un mono meándose en la boca y El ciudadano ilustre.

Un descubrimiento

El segundo programa del Orphan Film Symposium en el festival de Mar del Plata.

Una película que decidiste no ver

La flor. Perdió contra el cumpleaños de mi madre (Rauch), un asado con mis jefes (La Plata) y un cierre del diario de Mar del Plata. Espero poder verla en 2017.

Una experiencia en el cine

Dormir en prácticamente toda función del Bafici (salvo con El aura en fílmico). Eran tiempos complicados.

Un texto
Nicolás Zukerfeld, Hacia una teoría del gag en Revista de Cine 3.

Un plano o fotograma

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José Miccio (Crítico en Hacerse la crítica. El mejor de todos nosotros)

Una película

La película del año es The Hateful Eight. O sino Elle, la broma descomunal del gran Paul Verhoeven. O Hail, Caesar! Pero prefiero elegir Train to Busam, que no es mejor que las otras pero me produjo un entusiasmo que después de un mes todavía dura, y que tiene características especiales.

1.

Todo lo que Train to Busam tiene de bueno es propio del cine popular. Una de sus virtudes máximas es que no aspira a ideas mejores que las que pueden nacer de unos cuantos personajes corriendo para salvar sus vidas de una plaga zombi. Para ceder a una comparación obvia (película surcoreana, en un tren, con subtexto de clase): es inocente de todo lo que falla en Snowpiecer, que en su último tercio detiene la historia para ponerse a explicar (lo mismo hace Spielberg en Minority Report). Como funciona, como es pura energía, sus lugares comunes no tienen nada de pernicioso. Por el contrario, que estén ahí es lo que permite que haya fiesta. En la tarjeta de invitación Yeon Sang-ho puso: “Vení que hay peligro, amistad, violencia, trenes, sangre, sudor y lágrimas”. Y todo eso hay. Train to Busam es una película de códigos fuertes y emociones primarias. Los personajes luchan por su vida y (especialmente) por la vida de otro. Padre e hija, marido y esposa embarazada, hermana y hermana, chico y chica: en esos pares se juega todo. Y también en los vínculos que se construyen a medida que la historia progresa y en medio de la batalla, sin parar de correr nunca, se toman decisiones que definen quién es en verdad cada uno. (Acá quedaría bien citar a Borges). La organización en parejas afecta también a dos personajes sueltos: un empresario garca y un linyera bueno.

2.

El tiempo que lleva la transformación de humano a zombi depende de lo que sucede en la historia: es casi inmediato en las escenas de conjunto y bastante más lento en la escenas que involucran a los protagonistas. Sobre el final, los infectados tienen tiempo de planificar algunas cosas. Incluso de hablar. Esta presunta falta de coherencia es conmovedora. Hay un ralenti que afecta a las imágenes y otro que afecta al drama. Usarlo con libertad, sin atender a los padrinos de la verosimilitud, es una de las maravillas de Train to Busam. Otras son: dos o tres secuencias de acción apasionantes, personajes definidos con tres rasgos, reducción de la psicología a los elementos más simples que uno pueda imaginar, distribución clasista de la identificación. Nada realmentenuevo.

3.

Y es que Train to Busam no aspira a liberarse de ningún código. No es una película de ruptura sino de tradición. El entusiasmo que produce tiene carácter ritual. Es la feria en la que empezó todo, y que el cine menos interesante prefiere sustituir por el museo o la universidad. El tema llega bien lejos. Pedro Costa, Herzog, Miguel Gomes, Tsai Ming-liang, Cronenberg, Tarantino, Kaurismaki, Apichatpong: los directores en actividad que más importan saben de dónde viene este juguete. También lo sabían Ruíz y Kiarostami, por sumar a la lista dos muertos recientes, héroes para mí. Una imagen no deja de volver, como si expresara algo que cada tanto el cine tiene que recordarse a sí mismo: es el primer plano de una mujer que llora ante un espectáculo conmovedor (casi siempre una película, pero puede ser también una obra de teatro o un circo). Está en Shirin, en Tabú, en En la oscuridad, el maravilloso corto de los Dardenne. Está también antes. Por ejemplo, en Vivir su vida. Es una forma de expresar un vínculo con el cine marcadamente popular, no importa que las películas en las que aparece no quieran o no puedan producir en nosotros eso mismo que celebran. Hay muchos planos similares al de la mujer que llora. Quiero decir, con su misma fuerza ideogramática. Algunos con varones. Otros con risas, o con caras de asombro o susto. Incluso hay planos de espectadores que cantan, como los de Nitrato d’argento, la ultima película del gran Marco Ferreri. Todos son planos-feria. Lo que vienen a recordarnos es simple. El cine es un arte plebeyo. Su escudo es una barraca. Que el museo y la universidad se las arreglen con el video arte y el power point.

Una canción

Definitivamente, ninguna de Sing Street, esa caquita diseñada para erectar los pezones de los hijos del pop de los 80. A priori, podría haber elegido unas cuantas de las canciones que aparecen: “Stay Clean” (Motorhead), “I Foght the Law” (The Clash), “In Between Days” (The Cure). Pero como es bien sabido, no es la canción lo que importa sino el acontecimiento cinematográfico que es capaz de producir. Y en Sing Street no hay acontecimiento. Hay guiños. Uno detrás de otro. Un vinilo de Joe Jackson, un video de Duran Duran, unos planos de VHS, una habitación en la que un pibe cursa sus estudios verdaderos, ayudado por su hermano mayor, Virgilio rockero y derrotado: todo lo que nos puede producir una identificación inmediata está acá. Padres rotos, director de escuela jodido, adolescentes lindos y con sueños que perseguir. La película es una estafa emocional de la que todo cuarentón debería mantenerse a salvo. Es cierto: su carácter forro no responde solo a una cuestión generacional. Pero su nicho– su profit sociologique, como dice la Huppert en un momento de Elle – está formado por el amplio grupo de inmaduros crómicos que escucharon un montón de discos y pasaron ya la mitad del camino de sus vidas. O sea: por tipos como yo. O sea: por unos boludos bárbaros. Como el Cusack de Alta fidelidad, claro. Y como el Bebe Contepomi. Si todo esto hubiera alcanzado una estatura mítica podría haber funcionado. Pero contra toda su banda de sonido, que no es careta sino pop, Carney optó por el medio tono y la conciliación. Es como esa gente que te dice qué lindo hablás, qué justo sos, qué bien te queda la panza: un asco de chupamedismo. Lo que nos pide es fácil: no hay que hacer más que encontrar souvenirs del tiempo en que nos pintábamos los ojos y en los boliches sonaba Depeche Mode. Más que una película, Sing Street es una sopa de letras. O un álbum de figuritas para completar seguro, total ninguna es la difícil. Ya está bien de pelis-golosina.

Así que hay que buscar en otro lado. En Everybody Wants Some!!, por ejemplo, que está llena de canciones y logra un lindo momento con “Rapper’s Delight”. O en Sangue del mio sangue, que además de usar sin enjundia “Nothing Else Matters” convierte una canción partisana en material de coro. O en The Hateful Eight, en la que Tarantino hace sonar “Apple Blossom” de The White Stripes justo cuando Jeniffer Jason Leigh, poco después de recibir un codazo de Kurt Russell, le guiña el ojo a Samuel Jackson y se lame la sangre de la boca, bestial y voluptuosa, como un demonio.

Pero bueno, en realidad yo quería hablar de David Bowie, así que me puse a buscar una película de este año en la que apareciera alguna de sus canciones para escribir dos o tres párrafos sobre uno de mis héroes. No encontré ninguna. Pero buscando llegué de nuevo a Elle, la última maravilla de Paul Verhoeven, que me tiene agarrado de las bolas desde hace un par de meses. En la única escena en la que se reúnen todos los personajes (una cena de Navidad) se escucha primero el final de “Do the Strand”, de Roxy Music, y enseguida “Lust for Life”, de Iggy Pop y (ejem) David Bowie. La canción (que vuelve a aparecer más adelante, en una fiesta muy distinta) no es lo que se dice un villancico. Tiene la palabra “lujuria” en el título, la firma de dos erotómanos y empieza así: “Acá viene Johnny Yen una vez más / con el licor y las drogas / y la máquina de carne”. Es sistemático: nota religiosa, nota blasfema. Los vecinos bajan imágenes para un pesebre y la Huppert se masturba viéndolos desde su casa. El papa aparece en la tele para conmemorar el nacimiento de Cristo y la Huppert seduce al marido del prójimo. Iggy Pop musicaliza la nochebuena. Buñuel anda por este barrio.

La furia eléctrica de Iggy contrasta con el resto de la banda sonora, que incluye a Beethoven, a Mozart, a Rachmaninoff y a Albinoni. Me gusta ver a Verhoeven ahí, montado a la iguana, porque no hay en el mundo un director más rockero. La superficie tan afrancesada de Elle es un campo minado, como la ciencia ficción en Invasión, el thriller erótico en Bajos instintos y Las Vegas en Showgirls. Pero puede que todavía más, porque en tierras de galantería se nota mejor una camisa agujereada.

Hay un momento en el que Isabelle Huppert (Michèle) suelta una carcajada indecorosa, como Claudia Cardinale en El gatopardo. Las películas no tienen nada que ver, pero el efecto de la risa es el mismo: detiene todo lo que hay a su alrededor porque está absolutamente fuera de lugar. Es el toque (la mancha, el moco) Verhoeven. Por poner un solo ejemplo: antes de que Michèle y su vecino bajen al sótano a darse masa, hay un juego de planos y contraplanos, en apariencia modosito, que incluye la figura enorme y ridícula de un pesebre. Verhoeven hace estas cosas a menudo. Como Herzog, que en Un maldito policía en Nueva Orleans hace que Cage se acueste con una colega en una casa llena de angelitos. Y ahora cantemos. ¡Gloria a Armando Bó, a Oshima, a Imamura y a Ferreri! ¡Gloria, oh sí, al segundo Favio! Y gloria a Paul Verhoeven, que se pasó la vida atentando contra la solemnidad, “El travelling de Kapo” y la cultura con mayúscula. Elle es bardo, malicia, ritmo y humor negro. Y es también una película de Navidad. En todos sus arbolitos (que son muchos) está el mismo regalo: un cine libre, con el coraje suficiente como para presentarles batalla a los censores más afilados del planeta, es decir, a los bellos espíritus que corren detrás de todas las causas buenas pero jamás de la causa del cine, que es mala y egoísta, como toda causa estética que merezca ser defendida y amada.

Un doble programa

“Tu ausencia llena todo y me destroza”, escribe y dice Julieta en la última de Almodóvar. Ese tipo de frases solo las permite el melodrama. Y el melodrama es todo, así que voy a aprovechar la ocasión. Primero, la tarea. Para armar un doble programa debería buscar alguna película que tenga dos o tres cosas en común con Julieta, cosas que justifiquen (ay) su encuentro. Por ejemplo, un melodrama español con nombre de mujer. Listo: Fedra, de Manuel Mur Oti, el mismo de Condenados y Orgullo, películas notables que no conoce nadie y que menciono sin esperanza. Cumplí con mi deber en pocas líneas, así que me permito agregar algo. Ya es hora de pensar otra vez en el melodrama latino. Es decir, en tipos como el Negro Ferreyra, el Indio Fernández, Roberto Gavaldón y Raffaello Matarazzo, que filmaron películas (ellos y otros más) en las que podemos escuchar maravillas como estas: “Todo lo gané cuando mi boca solo sabía unas palabras que he olvidado al verte: dinero, poder, ambición” (Fedra). “No, Octavio, no. No debemos dejar que esta noche nos arrastre en su vértigo” (Distinto amanecer). “¿Es esto el amor, esta cosa que duele muy hondo y es alegre? ¿Esta risa con la que tengo ganas de llorar? ¿Este deseo de que llegue y este miedo de verlo?” (Miércoles de ceniza). “Si no supiera que hay un Dios en el cielo creería en él porque existe usted” (Salón México). “No, no me beses. Porque mis besos manchan” (Pasaporte a Río).

Un descubrimiento

Los fundidos de Paterson me descubrieron (o me confirmaron, no sé) qué mal le hacen al cine las intenciones poéticas. Al menos estas, tan de medio tono. Jarmusch hizo buenas películas, tiene un gran peinado, le gusta el rock. Es un tipo querible. Y muy inteligente. La idea de que la poesía es parte de la vida cotidiana, que pertenece al pueblo, que está en un chofer de colectivo, en una nena, en un tipo que hace rap mientras lava la ropa y puede que hasta en una mina medio boluda que pinta todo de negro y blanco, esa idea, tan de a pie, es una idea hermosa, muy característica de la tradición estadounidense, además, que supo afirmarse como plebeya frente a los nobles europeos, y que merece todo el respeto del mundo, y que además nos pertenece. Pero esos fundidos, en los que habría que sentir la respiración de los versos o vaya uno a saber qué otra banalidad, reclaman un lugar entre lo peor del año, y puede que no solo un lugar sino el premio mayor. No jodamos. Jarmursch no es un poeta. Poetas son Verhoeven y Tarantino, que seguro piensan que la poesía es una mariconada.

Una película que decidiste no ver

Vi La princesa de Francia unos días antes de que empezara el festival de Mar del Plata para ver si el mundo de Matías Piñeiro conseguía producirme algo más que desinterés y pensamientos como “Qué lindo eso”. Ya en el festival, no vi Hermia y Helena.

Una experiencia en el cine

Lugar común, John Ford. El caballo de hierro en copia nueva con la Orquesta Sinfónica Municipal tocando en vivo. Pasó en Mar del Plata, en el teatro Colón, el sábado 19 de noviembre de 2016, entre las 20:30 y las 23:00. Todavía sigue pasando.

Un texto

Escribir sobre cine es escribir. Parece una huevada pero no. Casi no hay textos que puedan sobrevivir al tiempo en que la película de la que hablan está en exhibición. Dos aclaraciones rápidas. Primero, no me refiero a la pésima literatura que cada tanto intenta alguno, y que tiene por costumbre enfilar oraciones unimembres (Una montaña. Un lago. La barca quieta. Un resplandor. El cine. / Matate, ganso). Me refiero a que es difícil pescar un adjetivo o un adverbio bien puesto, o varias frases unidas con cierto ritmo. Segundo, tampoco hablo de los blancos fáciles. Es decir, de esos blogs que aparecen en Todas las Críticas y provocan el fastidio superado de los profesionales. Hablo precisamente de esos profesionales. Las notas que valen la pena hay que buscarlas en los márgenes, donde todavía importa escribir. Recuerdo algunas: la de Marcos Rodríguez sobre Everybody Wants Some!! La de Pagés sobre Julieta. La brevísima reseña de Granero sobre Diapasón. El diario virtual de Marcos Vieytes. El balance del cine argentino de los 80 de García Candela. Y dos sobre Rocky: la de Lucía Salas en la última Cinéfilo y la de Juan Pablo Susel en Hacerse la Crítica. En todas noto amor por el cine y una prosa no capturada por las tres pestes de nuestro tiempo: el periodismo ágrafo, la jerigonza académica y el progresismo puritano.

Coda moralista. Ahora el margen es lo que hay. Ojalá que cuando canten las sirenas no se descuelguen los trapos.

Un fotograma o plano

¡Ah, las citas de pinturas! El academicismo se conforma con copiar algunas y ofrecernos como virtud mayor la capacidad mimética del fotógrafo (también los tontos de “La gallina degollada” copiaban bien). Los cineastas hacen vivir a sus personajes en el juego de luces que les proporcionan los pintores de una época. Un ejemplo de este año: La muerte de Luis XIV, en la que Rembrandt permite que el rey dé su último estertor en el siglo XVII (la fecha oficial es 1715). A propósito de la película de Serra, parece que es obligatorio hablar de Rossellini. Es una referencia segura. Pero el que hace un trabajo similar con las fuentes pictóricas es el Rohmer de La marquesa de O. Las películas no se parecen en nada, pero lo que tienen en común es más importante que un mero parecido. Los tableau vivant (La pesadilla de Füssli en La marquesa de O, La lección de anatomía de Rembrandt en La muerte de Luis XIV, este último a confirmar porque mi memoria es cada vez más dudosa) funcionan perfectamente como antídotos contra el academicismo. Reproducir una pintura no quiere decir abandonar el cine o convertirlo en una sala de exposiciones. Eso es lo que enseñan Serra y Rohmer.

También hay citas de pinturas que no quieren que nadie venga a cargarlas de sentido ni a especular sobre su funcionamiento. Son juegos. Pequeñas gratuidades. Su encanto depende sobre todo de que no quieran mendigarle distinción a la Cultura. En Hail, Caesar!, los Coen ponen un De Chirico (Piazza d’Italia) en el medio de un estudio de Hollywood. Es difícil saber por qué. Pero sobre todo, es innecesario. La buena voluntad hermenéutica produce maravillas, así que ya vendrá alguien a decirnos que ahí está cifrada la película entera, y que los Coen son dechiriquianos desde siempre. Hay un mantra que gusta mucho a la gente seria. Es ese que dice: “Todo en una película debe estar justificado”. Las consecuencias más importantes de esta superstición son dos. La primera es el énfasis: tipos que meten planos de rejas porque sus personajes están de algún modo encerrados. La otra es la interpretación. Los malos poetas hacen cosas como escribir la palabra “caída” poniendo una letra en cada verso. Los espectadores maníacos no aceptan que un cambio de encuadre no tenga un significado, y dicen cosas como: “El director pasa a un plano medio cuando en la charla los personajes tratan de limar diferencias”. Este modo de entender las cosas es absurdo. Hay un momento en el que por fin nos damos cuenta de que no hay que buscarles un significado a los zooms de Hong.

Los directores que saben el sentido de cada plano suelen dar buenas entrevistas. Pero el cine es otra cosa. Un momento de plenitud diabólica, por ejemplo. En el final de The Witch, Robert Eggers cita Vuelo de brujas de Goya. Es un gran momento. Horrible y liberador. Después de la vergüenza, después de la represión, el hambre y la muerte, queda la fuerza oscura del bosque. Thomasin (la estupenda Anya Taylor-Joy) se entrega al diablo, y el diablo le entrega la posibilidad de sentir por fin su cuerpo. Eggers filma su Goya y acompaña luego a la bruja en su primer vuelo. La risa de Thomasin es mi fotograma.

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Ezequiel Iván Duarte (Crítico en La cueva de Chauvet y en Las Pistas. Fantasma platense que este año pudimos conocer) 

Y no hay sueños que estén dentro de sueños
Mi película del año es Misterios de Lisboa de Raúl Ruiz. Es cierto, es una película de 2010, pero recién se estrenó en salas de la Argentina este año que termina. Estructuralmente es admirable. No sólo por la capacidad de enmarcar historias, sino también por la indefinición entre ensueño y vigilia que atraviesa la misma puesta en forma. Hay una cosa que me gustaría remarcar: una objeción que se le ha hecho es que, en apariencia, el final permitiría suponer que todo ha transcurrido en el delirio del herido Joao, lo que implicaría un golpe de efecto en detrimento de la calidad de la obra. Creo, sin embargo, que tal golpe de efecto no existe: la isotopía final —el Joao/Pedro adulto en la cama de la posada brasilera, el diorama que contiene simbólicamente su historia (todas las historias) sobre la cajonera; luego el Joao/Pedro adolescente, inmóvil en la cama del orfanato, el diorama en la cajonera; luego Joao/Pedro adolescente inconsciente en la cama otra vez, acompañado por su madre, en un plano deformado por lentes anamórficas y movimientos no por casualidad espiralados— subraya el movimiento en espiral barroca del film, donde hay momentos que se aproximan sin llegar ni a tocarse ni a contenerse los unos en los otros.

Otra película que quiero mencionar, aprovechando que sí se trata de un film de 2016, es Elle de Paul Verhoeven. Tendré que volver a verla para terminar de procesarla —y le estoy debiendo una retrospectiva personal al director holandés—. Por ahora diré que me resultó impactante, con un humor corrosivo y un erotismo desatado contra cualquier tabú.

Todos necesitan un héroe
Una canción en una película: pues “The greatest love of all”, clásico de Whitney Houston interpretado por Sandra Hüller en Toni Erdmann de Maren Ade. Un momento emocionante y gracioso a la vez, padre e hija colados en una fiesta fingiendo ser diplomáticos de la embajada alemana y la intensidad que ella le pone a la interpretación, como si se le fuera la vida en ello; y, al mismo tiempo, la —aparente— tranquilidad con la que sale al terminar la canción, después de ‘dejar todo en el escenario’.

Grandes poetas
Para el doble programa, como película vieja propongo una con trampa: se trata del documental La intemperie sin fin de Juan José Gorasurreta. La primera versión corresponde a 1977 pero el director realizó retoques y mejoras hasta la versión definitiva, no tan vieja, de 2008. Es un retrato del poeta entrerriano Juan L. Ortiz. Puede verse aquí: http://www.cinemargentino.com/films/914988586-la-intemperie-sin-fin

Como película nueva-nueva, y acá no tengo link que ofrecer, me voy con otro poeta, en este caso rumano: Max Blecher. La película es la deliciosa Corazones cicatrizados de Radu Jude, ganador del premio a mejor director en el último Festival de Mar del Plata.

¡Tierra!
Puede que mi descubrimiento del año sea el cine fresco y honesto de Pierre Léon, aunque sólo vi dos de sus películas: Guillaume et les sortiléges y L’adolescent, ambas protagonizadas por muchachos jóvenes conflictuados pero sin solemnidad. La primera es una seguidilla de pasos de comedia absurdos en un departamento, número musical final incluido. La responsabilidad, la capacidad de decidir aparecen como temas. L’adolescent adapta a Dostoyevski en un conflicto paterno-filial sobre el honor. Algo del cine de Léon me recuerda a Eugéne Green —o viceversa, porque Léon viene haciendo películas desde antes que el neoyorkino— pero con un humor menos ácido y más juvenil.

No matarás
No creo haber evitado una película adrede, pero no me dieron ganas de ver ni El renacido ni El ciudadano ilustre.

Una experiencia en el cine
—Crunch, crunch, shrt, shrt, crunch.
—¡¿Podés dejar de hacer ruido?! Algunos queremos ver la película; no estás en tu casa.
—¿Qué le pasa, señora? Usted se hubiera quedado en su casa, se ve que no sabe lo que es ir a un cine… ¿Viste como me habló?
—Pendeja maleducada…
—¡¿Cómo?! ¿Cómo dijo señora? Bué, es una desubicada.
—Shhhhhhhhhhhh.
—Te voy a cagar a trompadas.
—¿Te voy a cagar a trompadas? ¿Este viejo me dijo ‘te voy a cagar a trompadas’? ¿Vos lo escuchaste?
—Shhhhhhhhhhhhh. ¡Cállense!
—Ah, no, es un desubicado. ¡’Te voy a cagar a trompadas me dijo’!
—Vos sos una irrespetuosa.
—Vamos, vamos mejor.
—Sí, vayansé. Dos locos.
—‘Te voy a cagar a trompadas’ me dijo…

Este texto
https://las-pistas.com/2016/07/24/apuntes-en-128-bpm/

El fotograma

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Marcos Vieytes (Il Capo de Hacerse la crítica. Nuestro Juan Moreira)

Una película

Juana a los 12.

Una canción

There Won’t Be Many Coming Home en The Hateful Eight.

Un doble programa

Van cuatro, no lo puedo evitar: La cosa y The Hateful Eight / La cosa y 45 años / Desde ahora y para siempre y 45 años / Die weiße Hölle vom Piz Palü y 45 años (este se lo debo a Nuria Silva).

Un descubrimiento

La crepitación y los gritos que ilustran -¿es un flashback en segundo o tercer plano sonoro?- el relato en que Walter Coogins cuenta la masacre perpetrada por Samuel L. Jackson durante la guerra civil en The Hateful Eight.

Una película que decidiste no ver

Ninguna, así que la cambio por dos que no pude seguir viendo: Juventud y El abrazo de la serpiente.

Una experiencia en el cine:

Nico Favio criticando más que atinadamente Campaña antiargentina en la fila de atrás de donde yo estaba sentado.

Un texto

Lo que el cine nos da – 3×7 / Un viaje en 21 películas por el cine argentino: 

Un plano o fotograma

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Oscar Cuervo (Crítico y dueño de los multimedios La Otra. Polemista incansable) 

Una película

The Hateful Eight (Q. Tarantino).

Una canción

Go west por Pet Shop Boys en Mountains May Depart

Un doble programa

La fiesta de todos (Sergio Renán, 1978) y  Hermia  & Helena (Matías  Piñeyro, 2016).

Un descubrimiento

La sólida política de autor de Edgardo Castro en su ópera prima La noche.

Una película que decidiste no ver

La de Campusano.

Una experiencia en el cine

Una parva de críticos mirando una linda peli mientras la Bonaerense reprimía a su colega Bruno Ciancaglini de lavaca.

Un texto

“Mar del Plata, una película de terror”, de Bruno Ciancaglini en http://www.lavaca.org/notas/mar-del-plata-una-pelicula-de-terror/

Un plano o fotograma

El PPP de los ojos del general confederado Sandy Smithers imaginando la gran pija negra del mayor Marquis Warren en la boca de su hijo.

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Fernando Pujato (Crítico en Revista Cinéfilo. Artesano y bailarín) 

Una película

The Ornithologist / El Ornitólogo (João Pedro Rodrigues, 2016)

Una canción

Un poco más en Carmín tropical (Rigoberto Pérezcano, 2014)

Un doble programa
Qué bello es vivir (Frank Capra, 1946) / Tangerine (Sean Baker, 2015)

Un descubrimiento

Le dernier voyage de Madame Phung (Tham Nguyen Thi, 2014)

Una película que decidiste no ver

El ciudadano ilustre (Gastón Duprat & Mariano Cohn, 2016)

Una experiencia en el cine

No tuve experiencias significativas este año más allá de la furia asesina hacia los que sacan fotos del film que están viendo o no apagan los celulares y se la pasan mandando mensajes, videos y ese tipo de cosas. Pero sí me he rendido ante una evidencia: me gusta hablar durante la proyección, señalar planos o gestos o algo que me llama la atención. Fui varias veces solo al cine este año y gesticulaba y hablaba con el fantasma que estaba sentado a mi lado -no tanto como para volverme insoportable pero sí tal vez un poco molesto para los demás. Imagino que no soy el único así que a todos los que les gusta hablar en el cine los invito a que nos acompañemos.

Un texto

Toni D’Angela – La critica cinematografica nell’epoca della sua riproducibilità digitale. No recuerdo si esta la voté el año pasado, creo que no, sino va esta otra: Sangue del mio sangue – I fantasmi di Bobbio, por Mariangela Sansone.

Un plano o fotograma

Ta’ang, Wang Bing

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Carla Maglio (Crítica en su blog. Abracémosla hasta que vuelva Cristina)

Una película

Out 1, Jacques Rivette (1971 / 2015)

Una canción

Esta, en Haut bas fragile, Jacques Rivette (1995)

Se llama Ni oui Ninon. La letra es de Nathalie Richard; la música, de François Bréant
. La canta Nathalie Richard, y es apenas una canción, ¿no? O es una canción haciéndose ante la vista. Vimos Haut bas fragile los primeros días de Julio, en el Círculo de Bellas Artes, en Madrid, gracias a Manuel Asín.

Un doble programa

La tortue rouge, Michaël Dudok de Wit, 2016 + Morgen beginnt das Leben, Werner Hochbaum (1933)

Un descubrimiento

Werner Hochbaum. Todas la películas de él que tuve la suerte de ver este año: Ein Mädchen geht an Land (1938); Brüder (1929); Schleppzug M 17 (1933); Razzia in St. Pauli (1932); Zwei Welten (un corto de propaganda para el SPD de 1929); Morgen beginnt das Leben (1933); Die ewige Maske (1935); Schatten der Vergangenheit (1936)

Una película que decidiste no ver

Dos

UNO. Juste la fin du monde, Xavier Dolan,
DOS. El ciudadano ilustre, Gastón Duprat,  Mariano Cohn (por ahora)

Una experiencia en el cine

Dos

UNO. La proyección de Out 1 completa en el mítico Garaje Galaxia de Moncloa, en Madrid, desde la noche del 28 hasta la mañana del 29 de mayo.

DOS. Los encuentros cada viernes y cada sábado, durante un mes, en el Reina Sofía para ver “Por un cine imposible”, el ciclo dedicado al documental cubano de los primeros años de la Revolución, curado por Michael Chanan. Y las conversaciones y los mundos que hicimos en esos encuentros que -¿hay que decirlo?- se prolongaban en los bares y a los que, no gratuitamente ni por casualidad, nos convocaba una revolución, una que habla en español.

Un texto

Dos

UNO: “Apuntes para una presentación de Out1” Por Pablo García Canga
DOS: “Solo” Por Manuel Asín

Un plano o fotograma

Este, de Le bois dont les rêves sont faits (Claire Simon, Francia, 2015). O algún otro.

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Nicolás Carrasco (Productor y crítico limeño. Cinefilo autodefinido psicopata que vio todas las películas)

Una película

Sieranevada, de Cristi Puiu

Una canción

Ikeya Seki, de Kano (parte del soundtrack de Viejo Calavera, de Kiro Russo)

Un doble programa

Dragon Inn (King Hu, 1967) + The Hateful Eight (Quentin Tarantino, 2015)
(quería poner planos parecidos dentro de ambas posadas, pero no encontré ninguno…)

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Un descubrimiento

Dragon Inn (1967) y A Touch of Zen (1971), restauraciones vistas en el BAFICI.

Una película que decidiste no ver

Ojala hubiera decidido no ver La mujer del animal, Oscuro animal, Desde allá, Casi memoria, Las plantas o La última noticia, pero veo todo.

Una experiencia en el cine

Ver Outer Space y The Exquisite Corpus de Peter Tscherkassky proyectadas en 35mm en el festival Al Este de Lima. Ver La ciénaga de Lucrecia Martel proyectada en 35mm (y a sala llena) en el BAFICI.

Un texto

Muy difícil. Sin pensarlo demasiado, escojo dos: el texto de Gonzalo De Pedro sobre The Hateful Eight en El Cultural y el tributo de Matías Piñeiro a Jacques Rivette en Cinema Scope Magazine #66.

Un plano o fotograma

La mirada del gato, la más pura indiferencia ante el ser humano (Elle, de Paul Verhoeven).

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Marcelo Alderete (Programador del Festival de Mar del Plata. Amigo personal de Johnnie To) 

Una película

Yourself and Yours (Hong Sang-soo).

Al final de cada año, si somos honestos y rigurosos, siempre se encuentran (muchas) buenas películas. Hasta incluso alguna que otra obra maestra. Los que dicen lo contrario hablan más de ellos que de las películas. Con Yourself and yours muchos salieron a decir que no era tan buena como Right now, wrong then o alguna otra de su autor y, repetían, que el director coreano se repetía. Si, Hong, como todos los verdaderos autores, se repite. Esta “repetición” le sirvió (y le sirve) para diferenciarse de muchos de sus colegas, incluso los muy buenos, y no tener la necesidad de aspirar a que sus películas sean unas más grandes que las otras, ni a seguirle la corriente a Cannes, ni a ningún otro festival (a pesar que los festivales son unos de los motivos de la existencia de su cine, una buena para los festivales) y saturarnos con películas que en su intento de ser “obras maestras”, apenas terminan siendo películas enormes, en el peor sentido. Hong encontró una forma (estilística y de producción), que lo mantiene alejado de la carrera armamentista en la que se transformó el cine de autor de hoy en día y de necesidades demenciales de producción o gestos épicos absurdos. Como nadie, supo conjugar el espíritu de producción de la clase B para realizar el cine más personal que se pueda hacer. Mientras otros lloran y nos cuentan sus problemas de producción, Hong solo hace películas, una seguida de la otra, para su felicidad y, obviamente, también para la nuestra.

Una canción

Estaba a punto de decir (y lo digo) Safesurfer de Julian Cope en los títulos finales de Rester Vertical (Alain Guiraudie), película que contiene un playlist tan caprichoso y divertido como la historia que cuenta. Pero después me acordé que en los primeros minutos (y luego también sobre los créditos) de La siesta del tigre (Maximiliano Schonfeld), uno de los personajes canta Corazón mágico de Dyango (desencadenado). La vida siempre ha sido así, así que elijo esta última.

Un doble programa (una vieja y una nueva)

Café Society (Woody Allen, 2016) + Mala sangre (Leos Carax, 1986).

Un descubrimiento

El cine de Ted Fendt.

Una película que decidiste no ver

Muchas, pero eventualmente casi seguro que las veré. La que vi y preferiría no haber visto es I, Daniel Blake (Ken Loach), una muestra del verdadero cine malo disfrazado de buenas intenciones. Qualité para la clase trabajadora.

Una experiencia en el cine

¿Más allá de ver películas? Por suerte no.

Un texto

Dos obituarios sobre Jacques Rivette.

El de Quintín en La Agenda:
Los misterios de Rivette

Y el de Matías Piñeiro en la revista Cinemascope:
Deaths of Cinema | Metteur en scène: Jacques Rivette, 1928–2016

Y como bonus-track, por ser uno de los pocos críticos que todavía entiende de qué hablamos cuando hablamos de películas de acción:
Last Action Hero: Jason Statham Plays It Straight – Christoph Huber

Y si el texto de Christoph Huber es un bonus-track, el que sigue es un track oculto (ya que se trata de alguien de esta casa y se podría tomar como un gesto obsecuente):

40 años de Rocky – Lucia Salas en la revista Cinéfilo (no está online, vayan y cómprenla).

Un plano o fotograma

Este año aprendí a capturar pantallas (ya sé que es una pavada, pero sabrán comprender), no sé por qué ni para qué, y se me volvió una especie de adicción. De todas maneras, intervenirlas me parece un poco irrespetuoso, así que paso de esa propuesta. Revisando esos cientos de fotogramas capturados (que supongo habría que llamarlos de otra manera y no “fotogramas”, digo, no sé), me quedo con éste, que no es una bella imagen ni nada por el estilo. La película en cuestión es Listen Up Philip, que si bien es del 2014 acá se estrenó este año como Analizando a Philip. El Philip del título es el protagonista (guiños a Philip Roth por todos lados), un joven escritor a punto de editar un libro que lo consagrará o quizás no. El personaje que aparece en el fotograma es Ike Zimmerman (siguen las alusiones a Roth), un escritor ya de vuelta, que tratará de proteger al joven Philip de los peligros de la profesión y, de paso, de las relaciones sentimentales de nuestro tan enamoradizo como insoportable protagonista. La frase está casi al final de la película y al escucharla la tome como una advertencia para mi mismo (como el libro de Norman Mailer, otro insoportable) y un consejo profesional que también me gustaría extender a ciertos colegas.

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Roger Koza (Dueño de Con los ojos abiertos. Programador. Nada sería posible sin él)

Una película

Rester Vertical (Alain Guiraudie)
La última película de Alain Guiraudie es bastante diferente a su gran éxito El desconocido del lago; menos ligado al heterodoxo género policial del filme precedente, este es un regreso a su peculiar modalidad narrativa que tiene mucho de la lógica de los sueños. Lo que sucede aquí con un cineasta bloqueado y perseguido por su productor, que se convertirá en padre (soltero) de un día para otro durante una visita a una casa de campo, es impredecible. Los viajes al bosque del protagonista, su encuentro (trascendental) con un viejo que ama escuchar Pink Floyd a todo volumen y la amenazante presencia de los lobos en el sur de Francia prodigan situaciones inesperadas para que el protagonista batalle y se mantenga firme.

Una canción

Desconozco el nombre de la canción, pero suena unas tres o cuatro veces en varias secuencias de una de las películas mas hermosas que vi en el año: Brüder der Nacht, de Patrick Chiha. En este film que no teme parecerse cromáticamente a Querelle de R. W. Fassbinder, los jóvenes prostitutos búlgaros, cuando no cogen con sus clientes vieneses (siempre en fuera de campo), bailan una pieza de música electrónica que me ha acompañado durante todo el año. Notable película la de Chiha, de lo mejor que vi en el año.

Un doble programa

Primero El gran silencio, de Sergio Corbucci; después, Los 8 más odiados, de Quentin Tarantino.

Un descubrimiento

The Battles of Coronel and Falkland, de Walter Summers. Película silente de guerra en la que los barcos son subjetividades flotantes en el océano, piezas anímicas de una nación imperialista acostumbrada a la victoria y la prepotencia. En este film rítmico y delirante, que a veces parece estar curiosamente en sintonía con El acorazado de Potemkin, se presiente en el uso del telégrafo los sistemas de comunicación digitales de nuestro tiempo, como el mensaje de texto y derivaciones semejantes. Una maravilla.

Una película que decidiste no ver

¿Qué film debería haber prescindido de ver? No pensé en ningún momento en dejar de ver una película, pero tuve la tentación de hacerlo en un festival; ahí se estrenaba Poesía sin fin, la última del psicomágico Jodorowsky. Pensé en seguir de largo, pero finalmente entré, la vi y también escribí. Tampoco hice un gran esfuerzo para no perderme en el cine Escuadrón suicida.

Una experiencia en el cine

He intentado que un film titulado Jovens Infelizes ou Um Homem que Grita Não É Um Urso, de Thiago B. Mendonça, se vea en todos los festivales que conozco. No lo conseguí, excepto en uno en el que trabajo. Creo que mi (merecido) entusiasmo por el film tiene un plus: el entusiasmo nació del entusiasmo con el que se recibió en enero de este año en la Mostra de Tiradentes, uno de los festivales más singulares que conocí en toda mi carrera. El público amó este film, como si se tratara de una purga colectiva que liberaba a todos los presentes. En efecto, esta era la película que anticipaba las fechorías de la derecha brasileña de principio de año, y también la que mejor retrataba la angustia juvenil y la resistencia sin dirección frente al devenir reaccionario de una nación. En ese filme se lo ve también al gran Andrea Tonacci, quien falleció hace unos días atrás. Luto para el cine del continente, su fallecimiento deja un vacío enorme.

Un texto

Tres textos sin orden de prioridad
The Marginalization of Cinema (Kent Jones)
Free Violence (José Miccio)
Falacias del hombre de paja (Nicolás Prividera)

Un plano o fotograma

El fotograma elegido pertenece al final de Creed: corazón de campeón. Escribí sobre ese film en su momento y es la mejor intervención que puedo ofrendarle. No tengo tiempo para intervenirlo de otra forma. Al leer la propuesta de Las pistas pensé en filmarme mientras corría por La Cañada de Córdoba y suena la extraordinaria banda de sonido de este Rocky noble y moribundo.

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