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Escritura esencial sobre cine #02 – Marzo 2016

Por Ezequiel Iván Duarte

1.

Hagamos de esta columna una enorme tabla ouija, otra vez. Convoquemos espíritus, estelas remanentes de un pasado atroz, espectros de un presente cruel. La muerte y la destrucción definen estos primeros meses de 2016. Imposible sacudirse la miasma de encima. Salvo que, en gesto artístico, redimamos a esos cadáveres descompuestos reintroduciéndolos en el flujo, continuum vital.

Volvamos a convocar a Jacques Rivette. La revista Lumière ha hecho un trabajo extraordinario con la publicación en idioma castellano de diversos escritos, algunos por vez primera, del director de Duelle. Se incluyen textos acerca de Mizoguchi, Kazan, Ray, Hitchcock, Chaplin. También, entrevistas a Marguerite Duras y Roland Barthes. Es bueno recordar que, además de cineasta, Rivette fue un escritor y, ante todo, un escritor sobre cine. A veces denostada, la crítica o el ensayo crítico acerca de algún objeto de arte no sólo constituyen una forma de expresión tan válida como cualquiera, sino que plantea un diálogo y una evolución respecto del material tratado, haciendo que éste cobre vida y no muera en el estatismo de la cosa cerrada sobre sí misma y pretendidamente autosuficiente.

Pero si hay una publicación de este marzo que merece leerse (y, para ser sinceros, toda esta columna podría y merecería reducirse a este solo artículo) es “Lo que el cine nos da: David Bowie contra la saña de lo real” de José Miccio para Bazar Americano. Miccio es un auténtico artista: la forma en que logra combinar su bagaje histórico personal con la materia que trate para exponer así una mirada iluminadora y transformadora, para consumar una experiencia, es extraordinaria. En ningún momento cae en el mero subjetivismo caprichoso. El ensayo logra transmitir el carisma particular, el erotismo y la fascinación de esa identidad polimorfa que ha sido David Bowie:

“Pero si lo pienso bien, Bowie tiene un estatuto especial. No es tanto un músico de rock –que lo es, claro, uno de los más grandes– como una prueba de la existencia y el poder  de renovación de lo bello. Bowie era como una película en la que en cada secuencia el protagonista fuera otro, sin cambiar el actor ni perturbar la cronología. Primero almacenero, después corredor de autos, después estatua viviente, después espía, después ladrón. Como Holy Motors de Leos Carax, que usó canciones de Bowie en sus anteriores y maravillosas Boy Meets Girl (“When I Live My Dream”) y la ya mencionada Mala sangre (“Modern Love”). La imagen retorna siempre: Bowie como mutante hermoso. El tipo que sin consignas nos dijo más que todos los otros. Que nuestra vida estaba en nuestras manos y en nuestros delineadores, que podíamos cambiar sin más razón que la alegría irresponsable de lo nuevo, y que ser siempre idénticos a nosotros mismos es menos una traición a cierto ideario estético con el que deberíamos comprometernos que un reverendo embole. Pegar un póster de Bowie era como colgar una ristra de ajo, solo que en lugar de protegerte contra los vampiros te protegía contra todos los mandatos de Lomismo.”

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2.

La muerte en marzo también es inevitable por la referencia del 24, aniversario del golpe de 1976. El magnate hotelero y ocasional crítico Juan Francisco Gacitúa —mejor conocido por su nom de guerre Jotafrisco, con el que se ha ganado numerosos enemigos en el mundillo de los escritores sobre cine, como el crítico franco-belga Quintín (pronúnciese cæntán, maomeno) o el ex-dictador panameño y ocasional crítico Gustavo Noriega— compartió en su blog Enciclopedia de Diarios Inútiles un texto encendido del cineasta Rodolfo Kuhn (Pajarito Gómez, ¡Ufa con el sexo!) publicado originalmente en Resumen el 24 de marzo de 1982, es decir, en el sexto aniversario del golpe y entre los estertores finales de la dictadura. Kuhn caracteriza como “verdaderos psicópatas del caos” a los gobernantes de facto —un acto de coraje aunque también posible por la creciente debilidad del régimen—, critica fuertemente a los sectores sociales que apoyaron el golpe y proclama la necesidad de reconstruir un país dejando de lado la mayor parte de su pasado —los torturadores, los ladrones, los que no pueden ver más allá del chiquitaje peronistas vs. gorilas, etc.— y reivindicando a Madres de Plaza de Mayo y a nombres como Rodolfo Walsh o Paco Urondo.

En momentos en que se acerca el BAFICI 2016, críticos como Oscar Cuervo y Marcos Vieytes han llamado a boicotear —básicamente a no ir— al festival a raíz de reiteradas boutades respecto de previos supuestos gobiernos-secta y desaparecidos falsos para cobrar subsidios del ministro de Cultura porteño Darío Lopérfido. No está de más, entonces, acercarse al breve artículo de Kuhn para poner un poco las cosas en su lugar.

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Roger Koza, por su parte, escribe acerca de La Perla, a propósito del campo de Pablo Baur, ensayo cinematográfico que tiene por objeto el infame centro clandestino de detención cordobés. En su descripción, es imposible no pensar una asociación con la monumental Noche y niebla de Alain Resnais, sobre los campos de concentración nazis. La reflexión de Koza, siempre a partir del film de Baur, respecto de las matemáticas y el número de desaparecidos es precisa y lúcida en su distinción entre lo cuantitativo y lo cualitativo, pero también en sus extraños cruces, como implica la exploración topológica de la película en cuestión.

3.

Y si de persecución política y cine se trata, cómo olvidar a los Diez de Hollywood y a los perseguidos por las listas negras del Comité de Actividades Antiestadounidenses (HUAC, por sus siglas en inglés) que operó entre 1946 y 1960 en los Estados Unidos. Este marzo vio el estreno en los cines argentinos de Trumbo, de Jay Roach y rebautizada aquí, de forma bastante espantosa, como para no perder la costumbre, como Regreso con gloria, título digno de un film mediocre sobre un boxeador que se ve forzado a volver del retiro y le termina saliendo todo bien o algo así. El Trumbo del nombre es, claro está, Dalton Trumbo, escritor y director reconocido sobre todo por haber guionado Espartaco de Stanley Kubrick y por la novela antibélica de 1939 Johnny Got His Gun, llevada al cine con el mismo autor como director en 1971, luego de que fracasara un primer intento en 1964 con Luis Buñuel como director asignado.

Trumbo fue una de los Diez de Hollywood, guionistas y directores que, en 1947, fueron condenados a prisión e incluidos en listas negras por rehusarse a dar información sobre sus supuestos vínculos con el comunismo. Se supone que las listas negras llegan a su fin en 1960 cuando Trumbo es debidamente acreditado por su labor como guionista de la muy exitosa Éxodo de Otto Preminger. Varios de los autores del blog Hacerse la Crítica debaten sobre el film de Roach. Se incluyen elogios sinceros a John Goodman y quasi-irónicos a la biopic como género.

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Por último, el blog Cinerama continúa con un dossier sobre el cine del gran Philippe Garrel, maestro de la toma única. En marzo se sumaron textos sobre La cicatriz interior, El niño secreto y Ella pasó muchas horas bajo los focos. La primera de estas películas es un caso particularmente extraordinario: uno de los trabajos más radicales de Garrel, con el protagónico de la modelo y cantante Nico (sí, la misma de The Velvet Underground), hablada en alemán, inglés y francés con subtítulos existentes sólo en japonés —Garrel nunca quiso que se la exhibiera subtitulada—, y con Pierre Clémenti en pelotas sobre un paisaje ártico.

La información contextual que suma cada una de las notas es muy valiosa. Se explica, por ejemplo, que “Sylvina Boissonnas es una mujer inmensamente rica, ostentosa y extravagante que financia pinturas, películas y proyectos musicales de los jóvenes artistas del grupo Zanzibar. Garrel produce junto con ella La cicatriz interior, su primera película con Nico. Garrel viaja y Nico comparte el deseo de fuga y exotismo. Ella compone la música e improvisa sus diálogos, en inglés y en alemán.” Aníbal Perotti, autor del artículo, señala que el deambular constante de sus personajes prefigura ciertas tendencias del cine actual. También es posible, por su paisajística volcánica —y por la presencia desnuda de Clémenti—, trazar un paralelismo con uno de los segmentos de El chiquero de Pasolini.

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15 Comments

  1. Quiero corregir la imprecisión algo apresurada del autor de esta nota: yo nunca he llamado a “básicamente no ir” al Bafici Lopérfido. Sí he reiterado la cobardía cīvica con que las påginas de cine abordan el desempeño del ministro de cultura negacionista y provocador que fue repudiado por cientos de miles de personas que se movilizaron por los derechos humanos el 24 de marzo y repite un lamentable stand up que opaca los anuncios del director artístico del festival. También Lopérfido fue mundialmente repudiado por notables exponentes de la cultura internacional. Y es notorio que no puede aparecer en muchas manifestaciones culturales porteñas. En cambio, son evidentes la complacencia y la cobardía con que se esquiva el asunto de lo pérfido en el campo de la crítica cinematográfica, actitudes de las que puede ser un claro ejemplo la liviandad, rapidez e inexactitud con que se comenta el asunto en esta nota. No sé si es el miedo, el oportunismo o la simple ausencia de conciencia política lo que lleva a los críticos a escaparle al tema o a creer que se puede liquidar con una vaga referencia a Rodolfo Kuhn. Siempre es más cómodo esconder las propias defecciones apelando a un muerto. Se sabe, lo dijo Ricky Espinosa, todos los muertos son buenos y son un magnífico recurso para esquivar las responsabilidades actuales. Seguro nadie evocará dentro de 30 qños esta nota como ejemplo de nada, como oportunistamente hacen Gacitua y Duarte con la nota del difunto Kuhn. Sería bueno saber qué piensan Duarte, Gacitua y en general, la redacción de Las Pistas sobre los asuntos que no nos hagan “perder de vista la lucha grande”, que admiran en los dichos de Kuhn, para que esa manera de tirar la pelota muy afuera no aparezca como un discurso de politiquería barata, para aparentar decir algo sin decir nada realmente.
    Oscar Cuervo

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    • Estimado Oscar,
      dejame corregirte algunas imprecisiones de tu comentario que, creo, también se ve algo apresurado.

      En principio, la finalidad de esta columna es la de tratar de recopilar los asuntos más relevantes que fueron parte de blogs/publicaciones/etc del mundo cinéfilo virtual. Ezequiel puede (o no) dar su opinión sobre esas cosas, pero no es el objetivo principal.

      Por otro lado, nuestras opiniones con respecto al BAFICI serán dadas cuando comience el festival y con él el inicio de nuestras crónicas. Por lo pronto te puedo asegurar que nosotros también estamos molestos con muchas cosas. No somos miedosos ni oportunistas: simplemente estamos esperando el espacio para dar cuenta de todo eso (y todo lo demás que vendrá). Ojalá allí también comentes.

      Saludos.

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    • Disculpas ante todo si he malinterpretado sus dichos, señor Cuervo. El error es mío y sólo mío. Respecto a todo el resto de su comentario, es en esencia maledicente y falaz: no se emplea a Kuhn como escudo de nada sino que se lo propone como disparador que reactualiza ciertas discusiones actuales. Que, como señala, digo nuevamente, con maledicencia, que “seguro nadie evocará dentro de 30 años esta nota como ejemplo denada” me tiene sin cuidado, no es su objetivo convertirse en una pieza crítica trascendental. Sus continuados berrinches respecto del canallesco Lopérfido tampoco serán recordados, al igual que sus tendencias a la confrontación desmesurada que lo ha llevado tan pronto a ensalzar a cierta gente (Tomás Abraham, Quintín o Lucas Carrasco) para después proseguir a arrojarlos por la ventana. Disculpe nuevamente el error y el tono conscientemente agresivo de mi respuesta, pero la está prividereando mal (o sea, está buscando polémica al dope y encima con una indignación injustificada). En todo caso, el pecado de esta respuesta es caer en sus garras, en el tono que usted pretende darle al debate (si así puede llamárselo).

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  2. Estimado Lucas: La manera en que la nota recopila los asuntos más relevantes contiene falsedades y vaguedades en lo que me concierne.
    Me alegra que estén molestos por muchas cosas y que guarden las molestias para más adelante. En mi caso no guardo las molestias para más adelante, sino que las expreso en el instante en que suceden. Y ya han sucedido muchas cosas. En cuanto a comentar, más de una vez comenté en Las Pistas y en los blogs precursores de sus integrantes, muchas veces de manera elogiosa. Sucede que aquí fui aludido con una falsedad tratada además con ligereza, en un contexto donde Rodolfo Kuhn es usado como escudo protector para no decir nada sobre la cuestión de fondo.
    Saludos

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  3. no termino de entender por qué ese artículo de kuhn pondría las cosas en su lugar ¿?
    es un artículo propio de la genialidad de kuhn. pero no entiendo en qué sentido leerlo para poder reflexionar sobre el boicot que promueven oscar cuervo y vieytes.
    no obstante la acusación de cuervo a jotafrisco y a las pistas me parece apresurada e injusta,porque subyace cierta acusación de tibieza que sin dudas no caracteriza a este sitio

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    • Matías, el artículo de Kuhn vendría a colación por estas razones: 1) Habla sobre la muerte y los personajes políticos que con sus acciones, y disfrazándose de representantes del orden y la normalidad, son en realidad ellos mismos agentes de la destrucción. No digo que el PRO sea equiparable a una dictadura genocida, pero convengamos que hay una distancia entre lo que dicen representar y lo que efectivamente hacen (o dicen, como el caso de Lopérfido) 2) Me pareció un texto destacado dentro de los publicados online en marzo sobre cine. 3) Liga con el aniversario del golpe del 76. 4) Recordemos los procesos económicos iniciados con esa dictadura y las medidas económicas que hoy se toman en la Argentina (de nuevo, no digo que sean equivalentes, sí que merece la pena la reflexión) Es por eso que no me escudo en ningún muerto: el texto de Kuhn está mucho más vivo y actual que cualquiera de las estupideces que pueda decir yo o Cuervo o quien sea.
      Saludos.

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      • zapato de herzog: está muy bueno lo que decís, comparto la caracterización del PRO. son los mismos que impulsaron el golpe, la diferencia – no menor- es que lo hicieron a través de las urnas y no las armas.
        finalmente no tenía tanto que ver con el boicot y se armó una polémica por algo que era menor. porque ese boicot al bafici tiene menos aceptación popular que el voto en blanco

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  4. Miren, Oscar la pifia, y a menudo. Exagera la saña, a veces la descarga sobre personas que no la merecen, o cuando sería mejor no hacerlo. Ahora bien, la molestia básica que esa saña expresa tengo que acompañarla. Todos, todos: los bienpensantes, los que mean perfume, los que se horrorizan como damitas victorianas por los malos modales de Milagro, pero -¡Claro! ¡Ojo! Tampoco toleran las grasadas de Del Sel, eh; o la cara de Sturzenegger, porque, eso sí, son muy ecuánimes- todos esos conviven, toman el te, les festejan los chistes y comen asado, como cosa muy normal, con tipos capaces de concebir y reproducir algo como esto, cuya perversidad (podemos discutirlo en otro momento si quieren) está lejos de residir en el agravio a la figura de Néstor y tampoco descansa exactamente en el hecho de que se bromee con los vuelos de la muerte.

    Todas esas sensibilidades agraviadas por nimiedades, todos los que sufren en Twitter la intolerable mediocridad de los otros que los condena a ellos, almas bellas, a papeles secundarios, cuando merecen tanto más, todos esos espíritus etéreos y bientencionados, avalan, permiten, promueven que gente como Lopérfido o, a escala, como Quintín sigan hablando después de decir (y hacer) las cosas que dicen como si todo fuera muy natural.

    Decenas de veces, Oscar incurre en gestos lamentables (y “lamentables” quizá diga aun poco). Y sin duda aquí cometió un error técnico. Pero no es de eso de lo que se trata. Eso no es lo importante. Hablemos de lo que hay que hablar.

    Lo que yo pregunto -y lo pregunto casi con desesperación- es ¿por qué, por qué, seguimos hablando con esta gente? ¿Por qué naturalizamos su presencia y su participación en los debates? ¿Ustedes se sentarían a hablar amistosamente con el negacionista Nolte? ¿O con David Irving? ¿Entonces? Y no se trata de dialogar o de ceder la palabra a la violeta. Para empezar a hablar, tiene que haber algunas reglas o quizá más que eso: ¿valores? aceptados por todos.

    Alguien que se identifica gozosamente con un torturador ya no puede hablar(nos) de política, pero tampoco de cine, ni de literatura, ni de nada. Y no es esta una falacia ad hominem. No digo, por ejemplo, que las opiniones sobre una poesía de quienes se identifican con bestias fuera de todo orden moral sean por eso mismo irrelevantes o erróneas. Digo que es ya imposible escucharlas, que no estaremos hablando. El que elige no reconocer las reglas más básicas que hacen posible que la comunidad exista (por ejemplo, “no se tortura a personas y se las asesina arrojándolas al río en estado de inconsciencia”), o quizá ponerse por encima de esas reglas, como si el cinismo o el sarcasmo acerca de esto fuera por un segundo aceptable, (aunque parezca que sigue hablando y aunque parezca que le siguen contestando) está en un lugar ciego sordo y mudo para el resto de la comunidad.

    Y crea lo que crea acerca de algunas intervenciones de Oscar, siempre defenderé lo que acabo de decir y coincidiré con él, si también lo hace, o hace algo parecido.
    cm

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    • Está muy bien, pero no le pidamos eso a una nota que reúne o pretende reunir algunos buenos escritos sobre cine del mes pasado, muchísimo menos insultando al que lo escribió y a los que lo publicaron (porque al señor Cuervo en ningún momento de la nota se lo insultó, en todo caso se lo malinterpretó). Me da la sensación que esta usando una escusa para tirar mierda donde no corresponde y eso no tengo, al menos yo, por qué aguantárselo en nombre de nada.

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      • Justamente, Iván. No se trata de que sea una excusa. Es que , por las razones que sea, el post derivó en algo, quizá, más interesante o crucial que él mismo y, sin duda, mucho más relevante que los modales de Cuervo. Y ese es uno de los beneficios de este medio y, en general, de todas las conversaciones.
        Hay toda una corriente en contra de las virtudes y de la conveniencia de “lo urgente”, hacer cosas por urgencia estaría mal visto. Escuché argumentos muy interesantes y valiosos al respecto. Y sin embargo… ¿Cómo seguir hablando de otra cualquier otra cosa -cine, literatura, música, lo que sea- si, al mismo tiempo, no hablamos de acerca de la posibilidad misma de esta conversación y cuáles son los vivos y los muertos que van a participar de ella.
        Yo estaría muy contenta de haber escrito un post que pasara un poco inadvertido por sí mismo, que nadie recordara quién ni por qué lo escribió, pero que diera lugar a esto otro.

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      • Yo, lamentablemente, encuentro una imposibilidad en alegrarme de lo último que mencionás, porque la discusión de fondo, que, coincido, es muy valiosa, queda embarrada por una excusa equivocada que, para mí, sinceramente, prácticamente la anula de entrada. Porque el que la empieza como la empezó Cuervo no quiere discutir, y si quiere, lo hace muy mal, porque plantea el tema desde la maledicencia. Fijate qué distinta es tu actitud y tu manera de plantear incluso una coincidencia con Cuervo, qué productiva que es en comparación con lo que hizo él. Yo no puedo separar forma de contenido. Para discutir hay que partir de una base de, para decirlo en términos whitmanianos, camaradería (la palabra correcta podría ser otra), si no es tirar mierda al pepe, chicanear y falsear. Y reitero, si me equivoqué en mi apreciación brevísima, a la pasada, respecto a la actitud de Oscar en relación al próximo BAFICI, que no está llamando a boicotearlo, le pido disculpas porque estoy diciendo que él dice algo que evidentemente no dice. Ahora, eso no justifica su respuesta que, reitero, anula toda posible discusión productiva de entrada porque no busca generarla, sólo tirar una bomba mal dirigida, hacer catarsis en el lugar y momentos equivocados y contra las personas equivocadas.

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      • Estoy enteramente de acuerdo con lo que decís. Solo que de ello derivo otra cosa: No perdamos nosotros la oportunidad de esta discusión. Que no nos gane la chicana, ni la mala voluntad (real o atribuida) y tratemos de hablar de esto. Aquí o donde sea. En cuanto a mi, admito que las útimas semanas estuve muy abatida por estas cuestiones, publiqué en el fb de un amigo, porque yo no tengo y Twitter no daba (aunque lo discutí mucho en Twitter también, pero como conversación, no como un posteo autocontenido) y tampoco era una reflexión para el blog. La aparición de la cuestión aquí me permitió ver una ventana por donde colar esto, es cierto; pero no es una excusa, es algo que me resulta vital. Estamos naturalizando la convivencia con lo inaceptable y lo hacemos, encima, un poco alegremente.

        En fin, para no dejar el post en la nada, prometo leer o revisar los artículos que citás y que todavía no vi. Miccio es el mejor de todos, lamentablemente, este artículo sobre Bowie no es uno de mis favoritos, ni me hizo particularmente feliz. Cuando lo leía sabía muy bien por qué, pero ahora estoy más confusa. Creo que es porque su experiencia y su determinación en torno a la (auto)memoria y a qué hacer con ella son muy diversas de las mías y eso me complicó conectar. De Rivette, lei unas cuantas cosas, aquí y allá, no todas ahora. El resto, salvo Cuervo y algo de Vieytes, te lo debo.

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