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30 MDQ FEST (5) – Divino pre-code

Polvorilla  fue una de las 12 películas programadas bajo el título Hollywood sin censura. Se proyectaban en el Mar, una sede del festival que por su distancia parecía casi un evento paralelo a 30 cuadras del bullicio, de cara al mar y con un café mediante en el que se podían pasar unos días en Hollywood entre 1930 y 1934. Explica Peña en el catálogo que es una etapa de Hollywood en la cual, después de la crisis del ’29 hubo una especie de interregno informal en cuanto a ese set de reglas que era el Código de producción o Código Hays.

El pre-code (estas 12 películas y muchas más) es un momento extraño en la historia del cine y por eso sufre la mala suerte de ser catalogado como una simple rareza empaquetada. Por sus extraños raptos de feminismo, su desmesura en cuanto a las alusiones sexuales, cantidad de PPP (piel por plano), protagonistas pobres, del hampa, prostitutas, madamas, etc. Rarezas temáticas y argumentales.

Pero el pre-code tenía otros beneficios: era un momento en el cual el cine ya era algo, pero también podía ser cualquier cosa. Sonoro hace algunos pocos años, con algunos dibujos de géneros en su poder (aun en formación), lo que se repetía era más bien un tipo de personaje y un esquema industrial. Esa desmesura era posible entre otras cosas porque el esqueleto era blando. El placer del momento desatado que después reaparecería en algún que otro manierismo personal (Ford, Walsh, Hawks, McCarey, Cukor, entre otros), ligado siempre a los textos volvía a renacer después de haberse ido hacía unos años junto con el cine mudo. Los 30 fueron una década dividida: la primera mitad pobre y rabiosa, la segunda mitad contenida y brillante.

Polvorilla es en todo esto una de esas películas que comienzan a hablar de Hollywood de la puerta para adentro (de su desquicio y de sus miserias, como esta otra locura de Lloyd Bacon y Busby Berkeley). Basada en la primera It-girl de la historia (Clara Bow), una actriz famosa trata de lidiar con la producción de una película y su vida de estrella, su familia parásito y un millón de problemas sentimentales mientras intenta rellenar en su vida lo que le falta para cumplir con un estándar de decencia que quién sabe de dónde lo sacó.

Bombshell-Screenplay

Lo interesante de Polvorilla está en eso que Peña cuenta en el catálogo, acceder a los usos y costumbres de Hollywood de los 30 más una alta cuota de griterío. En un momento a Harlow se le arma un lío cuando entre todas las cosas que tiene que hacer están unas retomas que les pide la oficina de Hays para aprobar la película. El personaje tiene una serie de delirios que llevan a la película a ir y venir por un montón de momentos que comienzan a girar sobre si mismos cuando, a partir de un viaje-huida, empieza la segunda película que tiene que ver con un romance intenso y una farsa.

Polvorrilla es una de esas películas que meten a las demás en la categoría de rareza histórica. Una de las cosas que me enojaron de la película es que recién después de volver a mi casa y revisarla me di cuenta de que actuaba Una Merkel. Mis actrices favoritas de pre-code son Una Merkel y Joan Blondell porque son las reinas de una de las mejores cosas que tuvo el pre-code: las amistades femeninas. Un par de años más tarde estas chicas se pasearían solas entre desgracias, pero no en la primera parte de los 30. Una Menkel fue la mejor amiga de Midnight Mary (William Wellman, 1933), la película en cual las amigas pasaban del basurero al reformatorio, del reformatorio a silbar en la vereda, de ahí al auto de dos tipos, bares cada vez más elegantes y al final al juzgado, Man Wanted (William Dieterle, 1932 -la película en la que la chica tiene un bulo a control remoto-) e intentaba hacer amiga de Harlow en Red-headed woman (Conway, 1932) pero esa colorada era más mala que las arañas. Una terminó protagonizando la versión post-code de Baby face, que no se consigue en internet y no logro imaginarla (la primera, con Stanwick, era triste y despiadada). Joan Blondell (la chica de Footlight Parade) era la amiga de Stanwick en Night Nurse (Wellman, 1931), con la que hablaba todas las noches al irse a dormir y la chica del bar de Other men’s woman (Wellman, 1931). Las amigas estaban ahí como esos personajes secundarios perfectos, que solamente pasan el rato, quieren a los protagonistas y se divierten cuando pueden. Había personajes que existían sin la necesidad de ser un oponente o un romance, con los que se podía estar sin que el relato avanzada como una aplanadora. Porque una chica tenía amigas se podía salvar del horror que le tocaba y de una buena parte del griterío.

midnight2

En Ladies they talk about (Howard Bretherton/William Keighley, 1933) Satnwick no tiene amigas pero si un grupo de amigos con los que arman un atraco y terminan todos presos. Ellos van a una cárcel de hombres y ella queda sola en una cárcel de mujeres, su peor pesadilla. Ahí se arman grupos, peleas y todo tipo de líos pero termina ganando la nobleza y las bellas formas de pasar el tiempo. Teñirse y cortarse el pelo, jugar a las cartas y cantar con amigas (con una letra tan sexy que parece predecesora de esta otra cantante que supo aparecer en Hollywood una o dos décadas después).

En The purchase price (Wellman, 1932) Stanwick le compra el marido a otra mujer por 100 dólares aprovechando que la otra lo encontró por correo en una agencia matrimonial y no lo conoce. En la conversación que da lugar a la transacción (que termina finalmente con Barbara Stanwick yéndose a cosechar trigo) la mujer en cuestión se levanta el vestido para mostrar sus patas chuecas debajo de las medias rayadas.

Mi director favorito de pre-code es William Wellman. Sus películas de gente con problemas (poca plata, terremotos, cárcel, choferes malvados, el hampa) siempre se las arreglan para tener alguna alegría ingeniosa con cierta modestia. Como esta escena de Heroes for sale (1933) en la que después de un buen rato de problemas los protagonistas se enteran de que están enamorados. La mujer que estaba con ellos, un poco enamorada también, se va a arreglar un vestido y cuando abre la puerta y los ve abrazados, los deja solos. La película se queda con la mujer (de corazón roto) y con la idea de permitirle a esos dos tener un poco de intinidad mientras al que mira le queda la ternura. O esta otra escena de Other men’s woman en la que antes de que todo explote se arma una vida familiar entre los que están y lo que tienen con canciones y plantas.

Este año conocí a la encarnación del pre-code eterno: Borzage. Después de 1935 cada uno se fue por su lado. Wellman se pasó a las películas de tipos o de parejas, Cukor se puso más triste, Fleming tiró éxitos mundiales y un par no tuvieron demasiada gloria. Borzage se quedó con su belleza pobre, la de la gente que se quería pero no lo podía pagar y cada tanto tenía recreos de grandeza de noche, después de trabajar y gratis. Aunque en realidad nada es gratis.

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