comment 0

30 MDQ FEST (3) – El Movimiento (Salas – Garcia Candela)

el-movimiento3

Si El Movimiento se abocara a seguir obsesivamente el rostro de Pablo Cedrón, en sus deslices y exabruptos, sería menos exhaustiva pero más sincera en sus pretensiones y en sus alcances. La película de Benjamín Naishtat, sin lugares reconocibles, pero situada claramente en el siglo XIX, pone ciertos cuidados en la imagen y en la forma narrativa, inseparables uno del otro: los cortes a negro que van puntuando, creando viñetas, se valen de que el cuadro está en sombras la mayoría del tiempo, como si eso suavizara lo abrupto. El claroscuro tan marcado lo que hace es centralizar la atención: la mirada está dirigida, en realidad, ¡a lo único que está iluminado! Hay pocas escenas construidas en la duración (el prólogo, la primera cena, la pulpería) y el engrudo que las une son pequeños raptos del protagonista, recaudador de fondos para Juan Manuel de Rosas, miembro activo de la Mazorca. Y la música, que funciona como una línea de bajo, la base de la unión, les inyecta intensidad a las escenas, un as bajo la manga que se guarda el director por si la curtida piel de los personajes, casi pegada al lente, no logra suscitar el impacto necesario.

El problema no es el mundo que construye la película, con métodos nobles, es verdad, sino que se pretende hacer pasar cada escena por contingente, como si pudiera suceder o no, como si el azar interviniera en ella. El primer plano de El Movimiento: vemos un personaje a la deriva, la cámara lo rodea, escuadriñando también a su alrededor, el desierto. Dos minutos tardamos en reconocer unas voces lejanas, las del vendedor de pasteles engañoso. ¿Qué implica todo ese tiempo, experimentado como real? La película es más confiable cuando se asume como construcción.

El-movimiento4

Se puede pensar que la lógica del poder (analizada por cierta teoría que dice que el poder para ser tal tiene que ser un significante vacío, y no hablar nada más que de sí mismo) es la que está volviendo loco al personaje de Pablo Cedrón y que su percepción es lo que podemos ver nosotros en la película, pero también hay que ver otro tipo de tiranía, que es el de Naishtat con sus propias imágenes, de las que no puede extraer nada más que lo que va a buscar a ellas, cortándolas abruptamente, iluminándolas de manera antinatural casi hasta el paroxismo. Así la película crea un entramado que no deja pasar nada más: se abstrae, intentando hablar de la actualidad y ese es el peor camino para llegar a su objetivo, ya que al final esos planos frontales que pretenden ser fortuitos y actuales (los autos, los pobres ya casi despojados de sus ropas de época) en los que los no-actores le hablan a cámara, no son más que una pose, formando una escena que sigue siendo refractaria al propio director.

Discrepo con Roger Koza cuando en su texto dice que esta película es deudora de La commune (París, 1871), de Peter Watkins: “Esto no solamente se vuelve evidente en esa escena extraordinaria final en la que el pueblo mira a cámara y sus intérpretes sienten que ese momento excede a la representación de la época, de tal modo que la propia historicidad de los actores pierde su contrato con la ficción y se sienten invitados a hablar sobre algo que la película jamás enuncia del todo”. Si bien hay un extrañamiento del espacio y una salida brechtiana de la ficción, nunca se deja a los no-actores que hablen por fuera de lo que la película les exige. El mérito de Watkins es incluir a los postergados de siempre (inmigrantes ilegales o obreros precarizados) en un objeto complejo, de vanguardia, creado comunitariamente, y luego darles el espacio para que ellos mismos lo problematicen dentro de él. La película de Naishtat no los incluyó en ningún estrato de producción y la voz que les da es tramposa, funcional al relato de la película, moviéndose en terreno seguro. El movimiento se vale tanto de la pobreza como quienes está denunciando.

Lautaro Garcia Candela

el-movimiento1el-movimiento

El otro día leí algo de Michel Mourlet con lo que se que te sentirás identificado: de este modo, el cine perdía su extraordinaria originalidad para rezagarse frente a las artes cuya materia no es el mundo sino la metáfora del mundo.

En la escalera de la sala del Aldrey dónde se pasó El movimiento, mientras esperaba que bajaras un señor apareció de la nada y me preguntó si esa película iba a quedar en la historia del cine argentino. Le contesté que sí pero creo que sólo quería quejarse indirectamente. De todas formas eso no depende de él, ni de mi, ni de Naishtat.

El movimiento es una película importante, juega en las grandes ligas y no sólo por el estreno en Locarno. Tiene una condición (y una calidad) técnica que se mueve entre los industriales importantes (el steady de Triviño, el sonido de Tres Sonido, Cedrón). Un fenómeno poco frecuente que es el de las películas que reúnen ideas y muchos (muchos) medios que pueden colarse tanto en un circuito hiperespecializado como en el de los estrenos nacionales. Y de alguna forma eso acerca posiciones. Me refiero a que estas cosas existen (una industria, unas empresas de posproducción, unos técnicos) y algo de la película obliga a pensarlas como parte de eso que nosotros llamamos El cine y que pensamos alejado de todas esas nimiedades.

El movimiento es una película. Tiene ideas de puesta en escena, tiene escenas. Tiene planos, con distancias variables entre los personajes y la cámara, entre los personajes entre ellos. Tiene una iluminación dura, que separa casi siempre al personaje del espacio. Tiene espacios, que no son todos uno si bien algunos son más visibles que otros. Tiene personajes, tiene acciones. Causa efectos y reacciones voluntariamente.

Aclaro todo esto porque es más bien una rareza. Sobre esa base, complejidad y contradicciones: una película que puede ser a la vez abstracta y concreta (un mundo y una metáfora del mundo). Esas dos cuestiones enfrentadas incomodan en un mal sentido, hay algo que desencaja. Eso de que en algún momento de la película hay un espejo entre lo que sucede frente a cámara (un mundo) y lo que sucede detrás de cámara (el mundo) es engañoso porque se presenta como verdad reforzada. Quizás es eso lo perturbador. La sensación de que todo lo que representa es en realidad la afirmación violenta de un discurso aun más violento, un discurso sobre la incompatibilidad de lo político con la vida, la pérdida de libre albedrío de alguna clase baja, media baja como única explicación de su adhesión política a algún modelo. Que la película sea una excusa para hablar de kirchnerismo resulta tedioso, porque su analogía es burda y más aun en estas semanas de caza de brujas de ambos lados. Que siga la fiesta dice, le faltó agregar el chori y la coca. Parece más una voluntad de hablar de los temas importantes que de hacer una película con eso. Tematizar, alegorizar y hacer llorar al niño Mourlet.

201503291946529817

Pero El movimiento también llega a ser una película y en ella hay más que alegorías, en el interior arma una distancia. Se ve una voluntad de crear su propia idea de recreación. Los espacios de la película (unos campamentos, una chacra, la pulpería) aparecen como islas flotantes entre las cuales hay un vacío. Los trayectos entre los espacios son una oscuridad que tiene que acudir al farolazo de luz intensa para ser visibles. Es imposible pensar una adaptación porque no es posible imitar las relaciones velocidad/distancia de una época que no es la nuestra, o la inmensidad de un terreno que para nosotros hoy es visible desde arriba (Google Maps), o las cualidades de las cosas cuando sólo eran iluminadas por el sol o algún fuego. Pensar en una vida tan otra es un esfuerzo placentero. La gente intenta aproximar un dialecto para hacerse a la idea, pero a sabiendas que qué se yo como es. Construir escenas pero a los saltos (unos cuadros negros), con pequeñas elipsis que hacen que no sean escenas sino secuencias, unidades un poco más indefinidas que dan la idea de una acción compleja compuesta por microacciones, microclimas y momentos variables.  También una aproximación a inventar una historia sobre otra. ¿Y el tiempo? A veces avanza, y a veces se detiene como la chica que en el suelo, con arriba unas estrellas y abajo su padre muerto, está ahí sólo para estar un rato con todo eso alrededor. O los pedazos de ocio en la pulpería, intentando pasar el tiempo hasta que arranque el discurso.

Ahí la película se vuelve generosa, cuando construye un mundo que es fantástico y finito, desmenuzado y con matices. Reaccionaria y buena, un poco vuelve a acercar posiciones. Quiero decir que se resiste a un descarte de lo primero por lo segundo y al revés. Quizás ese es el espejo que sirve: dejar de descartar.

Lucía Salas

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s