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BAFICI 2015 – DÍA 3

A Garcia Candela le gusta mucho una que a Granero le generó dudas: Generación Artificial. Por suerte Salas al final coincide con Todo el tiempo del mundo, una gran pequeña película. Además escribe sobre una del foco del documental suizo, Slepless in NY, se enoja con La mujer de los perros y perdona al amigo Nathan Silver con Uncertain Terms.

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Por Lautaro Garcia Candela

Todo el tiempo del mundo (Rosendo Ruiz, 2015)
Generación Artificial (Federico Pintos, 2015)

Todo el tiempo del mundo es la tercera película de Rosendo Ruiz y resulta de un taller dado en el colegio secundario de ahí de Córdoba, el Dante Alighieri. Tres amigos se van en las vacaciones de invierno a una casa abandonada para ir a una comunidad auto-suficiente, algo que al final resulta una excusa porque nunca termina sucediendo. Como en Mar, cuando se veía el rayo que cayó en Villa Gesell en 2014, aquí también incluyen un evento de público conocimiento: si bien apenas se ven unos planos de la tele, el Mundial es algo que va condicionando el recorrido de estos tres amigos. Como en las anteriores película de Rosendo, el mundo en el que viven los personajes es reconocible y habitable, es el mismo que el nuestro.

En las preguntas que se sucedieron luego de la proyección de los chicos, súper envalentonados, hablaban sobre cómo esta película debería servir para concientizar sobre las problemáticas de bullying o la identidad de género, lo cual es raro si consideramos el nivel de sutileza y de feliz levedad que se maneja allí. Por suerte, pensaba, la película no se parece a lo que ellos ven en ella. Pero no es mi intención pelearles sino tener un puntapié para decir que lo genial de algunas escenas es lo despreocupadas, simples y gratuitas que parecen. Primero, hay un lenguaje sencillo y claro: la menor cantidad de cortes posible y que la acción (lo poco que hay de acción) suceda ahí, frente a nosotros. No hay grandes parlamentos o escenas con un gran desarrollo, sino pedacitos, esbozos, una mirada perdida, un abrazo que no termina de concretarse. La falta de una (auto) reflexión sobre ser adolescente es un acierto y es la prueba tangible de que la película se hizo por gente joven sin necesidad de decirlo todo el tiempo.

Extraña combinación me presentó el día hoy ya que Generación artificial, en cambio, es toda mentiras. La voz en off del documental empieza diciendo que esta es una película que se viene haciendo desde hace 20 años y que con sus interrupciones, tiene la misma edad que la historia de los VJ’s en Argentina. Sin embargo el director (cuya voz no es la voz en off ni la persona que aparece allí) en una entrevista cuenta que el proyecto tiene sólo siete años y no quise seguir leyendo para no terminar de separar las cosas que suceden en los respectivos compartimientos de realidad y ficción. La película mezcla formatos porque recorre las tres generaciones de esta gente conocida como Video-Jockeys, muy pegaditos al video-arte o esas cosas que solemos mirar con desconfianza, y eso da una idea temporal sobre cómo avanzó el registro (termina filmando en digital con dos estudiantes de cine contratados) y cómo cambió la actitud: en los noventa eran más idealistas y esperanzados respecto a su disciplina, ahora tienen más quejas y reservas.

Hace bien su trabajo. Las secuencias musicales con imágenes retocadas son parte fundamental y más allá del gesto nostálgico, que la mayoría sean en VHS les da una textura especial a la cual no estamos muy acostumbrados (Stinking heaven también lo utiliza, ¡dos películas en video en dos días!). La música no sé de dónde viene pero era toda argentina y de los noventas: tengo que averiguar. Da la sensación de que cualquier cosa puede pasar porque si bien la voz en off presenta la propia historia del director como un trabajador que filma casamientos, con sus vaivenes, sus intentos de artistas, también incluye a un VJ medio místico, que parece haber visto muchas veces Matrix y que vive en un granero haciendo experimentos extraños en la mente de la gente y cuya sombra aparece durante toda la película. Las libertades que se toma son en realidad de una impronta lúdica que no he visto antes en el festival y que excede el juego de hacer ficción en otros registros, un ejemplo pequeño: luego de los créditos aparece un cartel que dice “la única verdad es la video-realidad”.

Se nos explica que el último experimento de este VJ medio loco es la creación de imágenes sin mediación, es decir, de electrodos en la cabeza a una pantalla que los proyecta. El director logra entrar y lo que ve es terrible, no lo voy a revelar. Pero se me ocurre que Rosendo habrá servido para estos chicos de la secundaria de la misma manera: poniendo en imágenes lo que los chicos habrán sentido y pensado.

Por Lucas Granero

Generación Artificial (Federico Pintos, 2015)

Generación Artificial comienza en el punto exacto donde todas las películas deberían comenzar: en lo más alto posible. La canción de Aviador Dro que se escucha en los primeros magnéticos minutos anuncia las obsesiones que la película tiene por motivo y que la abarcaran por completo: mi mente divaga por mil cosas distintas/y no puedo concentrarme al fin/hasta que no pienso en ti/y entonces tu imagen llena toda mi pantalla/y las luces de mi control parpadean y se apagan/y mil programas distintos/convergen en uno solo/y te apoderas de mi/a través del monitor/y entonces te declaro mi amor. Todos los personajes (reales o ficcionales, poco importan) que aparecen en la película comparten el síndrome de la obstinación por la imagen (electrónica, analógica, digital, mental, poco importa también), que parece haberlos hechizado hasta enloquecerlos. Federico Pintos construye su película desde una verdad siempre falsificada. La presencia de Rafael Cippolini ficcionaliza la suya y así, lo que comienza como una indagación hacia el desconocido mundo de los VJ’s, pronto pasa a transformarse en un thriller paranoíde sobre un hombre cuyas manías con los poderes secretos de la imagen lo arrastraron hacia las profundidades de la virtualidad. El pasaje de un registro al otro no es imperceptible y aqueja el poder inicial que la película había demostrado. Aquel comienzo de imágenes en superposición febril y de ritmo epiléptico, pronto encuentra refugio en algo decididamente más cómodo de narrar, como si Pintos se arrepintiera de llegar, como su personaje, a un espacio del que luego fuera muy difícil salir. La incertidumbre de la que él mismo es presa se representa en la pantalla a través del relato de su alter-ego, mediante el cual nos muestra lo que seguramente debe haber sido su propia exploración hacía la búsqueda final de su película. Todos los elementos del documental estandarizado aparecen y son derrumbados rápidamente, muchas veces buscando una evidente intención cómica y otras, como con los testimonios de los teóricos, perdiendo lo que se intuían como datos realmente interesantes y que se banalizan al ser todo el tiempo interrumpidos y finalmente dejados de lado. El recorrido hasta llegar, finalmente, al puro género termina siendo uno en el que se fueron restando elementos en vez de sumarlos, y Generación Artificial termina convirtiéndose en todo eso que negaba ser.

En Arrebato (1980), la insuperable película de Ivan Zulueta, hay también una persona cuya obsesión por la imagen termina consumiéndolo, en un acto de canibalismo fílmico impensado. Pintos se acerca hacia esa concepción hipnótica de lo visual, pero teme llegar al borde del arrebato total.

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Por Lucía Salas

DIA 3 – La resistencia del buen humor

La mujer de los perros (Laura Citarella y Verónica Llinás, Competencia Internacional)
Sleepless in NY (Christian Frei, Panorama Nuevo documental suizo)
Todo el tiempo del mundo (Rosendo Ruiz, Competencia Argentina)
Uncertain Terms (Nathan Silver, Panorama)

Vengo llegando tarde todos los días. Porque me voy tarde todos los días. Hasta ahora me había ido muy contenta de casi todas las películas, lo cual es raro. Me acuerdo de un texto de Adrian Martin en el que decía que se había ido de una película a las risitas locas (giggles). Algo parecido a eso. Temo que venga del choque entre la apatía previa al festival, esa cosa que sucede tras un año de ir olvidando más o menos cómo era, y la felicidad de arrancar, ver a los amigos, agarrarse a las patadas. Pero bueno, ya se va estabilizando el humor en un equilibrio entre las películas y el contexto.

La mujer de los perros fue la estabilizadora. Me fui de pésimo humor. Después de eso comenzó una etapa confusa. Es como si en mi cerebro se hubiese apagado la parte que conecta con La mujer de los perros. No sólo esa parte, sino también la que se encarga de entender algunas cuestiones más bien simples. Siempre existen en el mundo una serie de personas y preocupaciones que resultan completamente ajenas. Eso es motor de curiosidad. Sin embargo en este caso me resultó imposible.

Veo y escucho algo que quiere acercarse a un referente: una mujer marginal que vive en una choza en el conurbano profundo, entre árboles y cerca de una villa. Hay una sensación de fórmula: una persona sola, en la naturaleza. Aunque esta vez es una mujer. No se habla, se acciona sobre comida, refugio, sexo. ¿Se explora? No lo creo. Todo está extremadamente determinado: las escenas, los encuentros con otros, los obstáculos. Da la sensación de que todo está ya resuelto, sabido antes de confeccionarse. Una película hecha de afirmaciones más que de preguntas. ¿Por qué entonces dar esta idea de búsqueda, y no de invención? ¿Qué es eso de imitar la vida? ¿Por qué disfrazarse del referente? ¿Es fascinación? La miro y veo una mujer disfrazada. No aquello que pasa cuando una mujer se disfraza, ni aquella mujer que es la de los perros. No logro ver nada. Cuando si veo, parece estar ahí servirse de algo. El cine como medio. La escena como medio. El plano como medio. Servirse del disfraz, servirse de los perros (en esos planos que cada tanto nos muestran sus cabezas), de los otros personajes. Servirse de esto para salir airoso. En un momento la mujer se encuentra por fin tranquila con otros. Atardece, se sienta al costado de un río mientras alrededor hay gente, música, gritos. Pero el momento es de todas formas apacible. Se pone a ver algo: el atardecer. Hay una subjetiva. Por fin un momento de paz, un cielo hermoso y la sensación de compartir algo con ella. Pero dura nada, y eso es como una patada. Y después volvemos a la gran escena, el gran plano, el gran lugar desierto, el gran personaje, la gran distancia, las grandes actuaciones, las grandes respuestas, las grandes películas del cine argentino reciente. La nada. Hay una escena en que la mujer está preparando comida, o comiendo. Es de noche, está oscuro y tiene a uno de sus perros atrás que cada tanto le tira el hocico despacito para comerse la comida. La mujer lo saca con una mano sin mirarlo mientras sigue haciendo sus cosas, hasta que después de un rato (cuando está listo) le da un pedazo. Una mujer jugando con unos perros, ahí hay algo hermoso y verdadero. Una mujer y sus perros se aman. El resto tiene gusto a llenar espacios.

 Después, Sleepless in New York. Casi que para que gastarse. Veníamos caminando con Iparraguirre, hablando de cómo hay una inevitable tendencia a empatizar con estas cuestiones de desamores cuando uno anda medio triste, o hasta donde es manejable la distancia crítica con la empatía, y empieza esto. Menos mal que no era el caso de ninguno de los dos. Sleepless… es una de las cosas más insensibles que haya visto en mi vida. Un grupo de antropólogos investiga qué reacciones del cerebro tienen que ver con el abandono de la pareja. La hipótesis es que al ser dejado uno se vuelve adicto al amor y el cerebro aumenta el deseo y se empeña en aferrarse a los recuerdos. Para eso ponen unos carteles en la calle para hacer un casting de despechados. Un experimento, buenas posibilidades. La doctora aparece como un ser monstruoso, insensible, cínico que se pasó la vida estudiando cuestiones del amor sin que eso la haya ayudado a tener contacto con el prójimo. Cualquier prójimo. Una académica que dice cada tanto algo sobre el dios del amor. Los corazones rotos, dos mujeres y un hombre profundamente tristes por sus catástrofes de amor, son sometidos a exámenes y forzados a la catarsis exagerada, hasta quedar reducidos a la peor versión de cada uno: una voz en off y una serie de escenas repletas de patetismo sin humor. Sleepless… parece ser la prueba de que existe una secta secreta de gente que tiene como último objetivo destruir hasta el ultimo vestigio de belleza, delicadeza y subjetividad del mundo. Esta película es improgramable. Como bien dijo Jotafrisco: me pasa por ver el relleno del relleno.

 Ruiz y Silver vinieron a salvar el día. Todo el tiempo del mundo es el contrario absoluto de los suizos. Sutil, delicada y hermosa. Tres chicos juntan plata y arman un viaje a visitar una comunidad autosustentable, pero en el medio (y al principio, y al final) el plan se dispersa y paran bastante tiempo en una casa. Ahí no se desarrollan demasiados conflictos y se esbozan inquietudes acerca del futuro. Los tres chicos viven en presente su adolescencia y no necesitan andar enunciando angustias sino más bien pasando el tiempo. Como pasó con Mar, Todo el tiempo del mundo es una película que está muy cerca de las formas de la vida, sobre todo del tiempo y de cómo enunciar los conflictos. Esto es algo que creo que va a seguir pasando en los próximos días: propuestas concretas, basadas en intimidad con los personajes que dan la sensación de un cine depurado, hecho solo de las cosas que le importan. Sin inflar conflictos, pero sin restarles importancia, con un avance cerca de lo imperceptible. Películas detalle, sin mentiritas.

El placer acá está en verlos caminar, charlar, cazar gallinas y vaguear, sin al determinación de una crisis, un romance o accidentes. Cuatro paredes en las que pasa lo que pasa, más otras calles y caminos. La película es madura (casi exageradamente madura) y el principio un tanto esquemático (las presentaciones, el bullying) pero una vez que los chicos salen de la escuela todo sucede con la naturalidad que tienen las cosas que van pasando. Si bien es una película hecha en el marco de un taller, tiene las formas de las anteriores películas de Rosendo: escenas cortas y concretas, de pocos cortes, elipsis causales, todas cosas que podrían complicar a los actores. Pero la cosa nunca se les complica. Salimos contentos, hablando de que tranquilamente podría haber durado mucho más, si no fuera que perdimos el mundial.

Antes de eso los protagonistas hablaron de su generación, de ser el futuro, como una revolución. Esperemos que su revolución siga así de conectada con la vida.

La sesión nocturna vino con Nathan Silver. El día anterior habíamos visto Stinking heaven, extraña experiencia. Una secta metida en una casa, cuya regla es alejarse de las drogas y el alcohol, cumplir una serie de ritos que incluyen cantar unas canciones de amor y recrear los momentos más bajos de cada uno, que son momentos muy perturbadores. El director de la secta es un sádico absoluto y hay ahí muchísima violencia, crueldad y fealdad buscada. No sólo en esa casa, sino en la película. Una especie de culebrón casero que te da de cachetadas.

En Uncertain terms la cuestión se abre un poco. Menos asfixia, aunque un encierro similar –una casa hecha para adolescentes embarazadas a las que no quieren en sus propias casas-, con personajes que entran a la secta por la ventana, como ayer: un hombre que se está separando y la constante presencia telefónica de su mujer. El primer plano, una adolescente pelirroja de espaldas hablando por teléfono en un camino en medio del bosque, que al darse vuelta tiene una panza de embarazo gigante, instala un peligro radiante. Belleza adolescente, vértigo, hipnosis, todo siempre al borde del estallido, y muy cerca de la muerte. Silver dijo ser fan de Sirk y se le nota. Hay una sensación constante de fatalidad que se acerca entre tanta belleza al sol. De algo que se está pudriendo. Y es que si, se pudre.

La diferencia entre ambas es que esta segunda combinación de cosas da una sensación de cariño. Cariño por los locos, pero cariño. Disipó esa sensación que teníamos después de Stinking, de película de la crueldad ¿Será que la madre de Silver hace de la directora de la casa?

Al final de la función, en las preguntas y respuestas, el público se mostró completamente psicótico. Le preguntaron si el protagonista definitivamente se divorciaba de la mujer después de la película, le dijeron que era una publicidad de Camel, que qué pensaba del embarazo adolescente. Amo a mi hermano dice Silver, y mi madre lo tuvo de adolescente. Las respuestas, un poco crueles y cuando no, un poco oscuras. A veces, sinceras. Parecidas a las películas: tenían algo de la risa de angustia que se contagia. Buen humor para Silver.

India Menuez and David Dahlbom in

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