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Hacia la próxima escena

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Life Itself de Steve James

El 2 de Abril del 2013, Roger Ebert publicaba en su blog lo que iba a ser su último contacto con el mundo. Ese texto, que aún hoy puede visitarse en su página, tenía como fin informar a sus lectores que su prolífica actividad como crítico de cine poco a poco iba a comenzar a disminuir debido a que su salud ya no le permitía ver tantas películas como antes. Desde hacía más de 10 años que Ebert luchaba contra un cáncer de mandíbula que, dos días después de haber publicado ese texto, terminaría por cansarlo y ganarle la batalla. “A Leave of Presence” fue el título que eligió para nombrar a ese auto-obituario accidental, título que podría traducirse como un dejar de estar, una desaparición lenta, acaso algo parecido a un fundido a blanco eterno. Algo que se ve pero se difumina hacia lo inevitable.

Life Itself es un documental que bien podría pensarse como la más clara manifestación de esa idea. Partiendo de su propia autobiografía de titulo homónimo, Ebert le permite al director Steve James un acercamiento total hacia su figura, lo que equivale a no dejar afuera sus días de internación y de convivencia con una enfermedad que cada vez más lo separa del mundo. Una existencia que poco a poco se apaga, pero cuya presencia se hace cada vez mas fuerte a través de la exposición de toda una vida de trabajo que dejó huellas en la forma en la que el público se relaciona con la crítica cinematográfica. Tal y como empieza su último texto, en 2013 se cumplían 46 años desde que asumió el cargo de critico en el Chicago Sun Times, publicación a la que jamás abandonaría y desde la cual se sucedían, incansablemente, elogios y reproches hacia prácticamente todo lo que se estrenó durante ese largo periodo. Una vida completamente atravesada por un amor al cine casi irracional y cuyo máximo logro radicó en poder expresarlo hacia millones de lectores que leían sus palabras religiosamente.

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Ebert fue, sin duda, el critico más popular de los Estados Unidos, lo que no quiere decir que haya sido el más importante. Uno de los puntos más interesantes del documental de James es que se anima a poner en discusión el rol de Ebert dentro de la historia de la critica de cine americana. Durante su período de mayor popularidad, las opiniones de Ebert podían dialogar con las de Pauline Kael, Andrew Sarris y Manny Farber, santa tríada de la intelectualidad artística y cinematográfica que sin dudas chocaba contra el simplismo de Ebert, cuyos textos jamás alcanzaron la profundidad erudita de la de aquellos. Richard Corliss y Jonathan Rosenbaum cuestionan en un momento la relación de amistad que Ebert tendía a establecer con algunos cineastas, preguntándose sobre los efectos colaterales que tal situación podía causar cuando debía realizar su trabajo. Es interesante que la película se permita revisar retrospectivamente la tarea de Ebert como critico y su legado: ¿puede la critica de cine circunscribirse a un simple pulgar arriba o pulgar abajo? En 1990, el mismo Corliss escribió un famoso articulo para Film Comment llamado A puro pulgar o, ¿tiene futuro la critica de cine?, en el que asumía su decepción sobre el camino que tomaba el arte de la critica. Ebert era el más público de todos los críticos y parte de su estatus de popularidad provenía de su predisposición al showbizz. Ahí están sus clásicos reportes desde el Festival de Cannes, evento que nunca se perdía y cuyo material de archivo aprovecha James para demostrar la mezcla de placer y cholulismo que tal contexto suscitaba en Ebert.

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Quizás el mejor ejemplo de su tarea como crítico pueda develarse a través de su dúo televisivo con Gene Siskel, comenzado en 1975 y finalizado tras la temprana muerte de éste en 1999, que marcó todo un hito en la manera en la que tal profesión se acercaba al gran público. ¿Cómo puede ser que un programa basado únicamente en ver a dos personas discutir sobre películas haya podido durar tanto, transformándose en un absoluto clásico? La respuesta se encuentra en el material de archivo del que James dispone y que permite mostrar los recovecos de la relación entre ambos críticos. Sin nada que envidiarles a dúos de la talla de Laurel & Hardy o a cualquiera de esas parejas disparejas salidas de impensadas buddy movies, Siskel & Ebert se necesitaban el uno al otro para desconfigurar el mito del critico de cine sobrador que opina desde la superioridad de su torre de marfil, aunque muchas veces sus disgustos por ciertas películas llevará hasta la constitución de una marca. Guerra de egos incluida, lo que un programa como At The Movies logró no lo ha podido volver a hacer ninguna otra manifestación de la critica de cine y ahí mismo se encuentra su mayor logro: acercar a la masividad una forma de reflexión que podría o no haber sido mejor (lo cual es comprensible: el tiempo televisivo volvía imposible cierta profundidad requerida) y al mismo tiempo hacer visibles obras que, comentadas en otros contextos menos masivos, no se hubiesen encontrado con los espectadores. La mejor muestra de esto la confiesa el mismo Steve James, cuya Hoop Dreams (1994) fue altamente reverenciada por ambos críticos, haciendo que su exposición se expandiera de los limites de Sundance hacia el alcance de nuevos espectadores. ¿No es ese acaso el máximo deseo de todo critico? Si la respuesta es afirmativa, el trabajo de Ebert fue una máquina de cumplirlos y Life Itself no deja de ser un homenaje de un cineasta hacia una persona que supo ser generosa con los alcances de su profesión.

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Life Itself cumple con su propósito de crear el retrato de un hombre que no fue más excepcional que cualquiera de nosotros. No hay aquí un espíritu de construir la figura de alguien mítico, sino que mas bien se trata de conocer a alguien que, como todos, tenia sus dudas, sus conflictos y sus lapsos de felicidad, que casi siempre estaban dados gracias a ese poder secreto del cine de crear empatía con lo que nos rodea, tal como Ebert lo relata al comienzo.

Nada mas que la vida misma, incluyendo la muerte que, para Ebert, no nunca se trató de otra cosa más que de un corte hacia la siguiente escena.

Lucas Granero

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