comment 0

El cine de las vacaciones

vlcsnap-2015-01-30-16h40m40s45

vlcsnap-2015-01-30-16h40m44s91

vlcsnap-2015-01-30-16h40m51s160

vlcsnap-2015-01-30-16h41m00s244

El verano permite un desarrollo caótico de los días. Uno puede contar con el beneficio de levantarse a horarios extraños sin sentir culpa alguna, salir de noche los días de semana y volver (o no) a casa al amanecer, y permite también, para aquellos que, como nosotros, encuentran satisfacción en el encierro ocioso, derivar en una actividad cinéfila más potenciada que de costumbre. Como si una dieta estrictamente respetada de repente entrara en una zona anárquica que exige el deglutamiento excesivo de las más extrañas combinaciones alimenticias, uno tiende a organizar la actividad cinematográfica veraniega con cierta anticipación, tratando de completar las zonas vacías que no pudieron ser revisadas durante el resto del año. Se proponen programas extremos que se prometen cumplir, como ver toda la filmografía de algún director, o ver solo películas largas o directamente delirios como visionar Berlin Alexanderplatz en un solo día. La tarea más impensada se vuelve real: el verano es la muerte de lo imposible.

Es extraño, pero en la conducta cinéfila todo sucede al revés. ¿No deberíamos acaso brindarnos el placer de tales planes durante el resto del año y dejar el verano para cumplir los más sencillos? Podría ser, pero, en definitiva lo sencillo es algo difícil de definir. Una película de 80 minutos puede ser más dolorosa de ver que una de 430. Todo es relativo. Y más cuando se trata de cine. Los placeres rutinarios son un camino lleno de digresiones.

Para este inicio de 2015 mi misión fue derribada aún antes de comenzar. Hacia fin de año experimenté una revelación absoluta al ver una vez más la obra maestra de Kenji Mizoguchi Ugetsu Monogatari (1953), revelación que me dejó una evidencia preocupante: no vi muchas películas de Mizoguchi y las pocas que ví siempre me han parecido de un orden magistral avasallante. Pensé que era momento de revertir esa situación inmediatamente y ahí mismo planifiqué mi plan veraniego, que sumaba además otras ausencias de maestros japoneses que debían ser completadas (¡Ohayo (1959) de Ozu!). Una lista de más de 20 películas que servirían para tapar los huecos de las calurosas tardes de enero. Sin embargo, la deriva cinéfila me llevó hacia otras costas impensadas. Según mi diario, la primer película que ví en el 2015 fue Monkey Shines de George Romero, el 2 de enero. Nada más lejos que el espíritu de los autores asiáticos. Por supuesto que la película me gustó y la pasé muy bien viéndola, pero siento que cometí un acto de autoboicot al no comenzar el año con el visionado de una de las películas propuestas. No recuerdo bien qué debo haber estado pensando, pero, conociéndome, seguro que me dije “bueno, vemos ésta y mañana empezamos”. Como los rastros de comida que se acumulan en la heladera luego de las fiestas, uno siempre se ve tentado a seguir comiendo eso que ya no debería seguir estando allí. Y la tentación siempre gana. Pero, aún ya algo derrotado, continué hacia la culminación de mi plan.

Un día después del primer tropezón, me caigo de nuevo. Otra tentación. Veo que ha salido un buen rippeo de una de las películas que más he esperado durante la temporada, The Guest, de Adam Wingard, cuya anterior You’re Next (2011) fue una sorpresa total. Un poco desilusionado (aunque sin duda merece una revisión), The Guest me dejó un sabor agridulce, cuyo centro estimo próximo a las ideas típicas del cine de John Carpenter que intenta desarrollar incansablemente durante todo el relato, pero que no conducen a nada más que una simple cita que nace muerta. Ecos de cancherismo visual que la relacionan al vacuo sistema de representación de la insoportable e irracionalmente valorada Drive, la vuelven una película fácil de digerir para aquellos nostálgicos del cine ochentoso, pero sumamente decepcionante para lo que queríamos algo más que un simple ejercicio de género. ¿Otro día desperdiciado? Puede ser, pero una secreta creencia me habilita a seguir intentando cumplir mi misión: el verano está hecho para ser desperdiciado.

vlcsnap-2015-02-10-20h28m25s250

vlcsnap-2015-02-10-20h28m26s6

vlcsnap-2015-02-10-20h28m40s150

Lo cierto es que los días también se hacen más largos. Y otro de los beneficios de esta estación es que posibilita la idea de ver hasta ¿tres, cuatro? películas por día. Así que pensé que los dos días perdidos podían fácilmente recuperarse haciendo una doble función. Pero tampoco cumplí ese nuevo plan. Todo lo que no era japonés parecía llamarme más la atención. Fui al cine a ver Foxcatcher, vi dos películas de Scorsese que nunca antes había visto (la sobrevalorada Goodfellas vs. la obra maestra de The King Of Comedy); vi Maps of the Stars, última película de David Cronenberg en la que finalmente intenta todo lo que sus fans esperaban de él, es decir, transformarse momentánea y fallidamente en David Lynch; vi dos temporadas de la genial serie The Newsroom y comencé a ver dos más: la nueva temporada de Girls y la primera de Togetherness, serie que los Duplass están haciendo ahora mismo para la HBO y que sin dudas promete mucho; tuve un fin de semana en el que vi de la nada tres películas de Sam Peckinpah, dos de ellas que ya había visto con anterioridad (Straw Dogs que no me gustó y pensé que me gustaba y Bring Me The Head of Alfredo García, que es mucho más buena de lo que recordaba), lo que a su vez llevó a que pensara en cambiar el plan original del verano cosa que, a esta altura de desparramo, no me pareció una mala idea y así que asi estoy, tratando de remontarlo con el propósito de ver todas las películas en la que haya actuado Warren Oates. Empecé revisando Cockfighter (1974) de Monte Hellman y ya puedo decir, sin miedo a arrpentirme, que siga o no siga con este plan, ya valió completamente la pena.

vlcsnap-2015-01-30-16h30m27s66

vlcsnap-2015-01-30-16h31m23s112

vlcsnap-2015-01-30-16h31m54s169

¿Asi será lo que resta del verano? Comienza febrero y con su llegada toda una nueva hoja en blanco para dibujar posibles rutas que van y vienen hacia ninguna parte. La cinefilía encuentra en el verano el clima ideal para la fuga inevitable hacia todo el cine posible. No se trata más que de eso.

Lucas Granero

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s